sábado, 14 de diciembre de 2013

Olvídate de las teorías y presta atención a los hechos.

Un emperador le pidió a un místico sufí que fuera a su corte a orar por
ellos. El místico acudió a la cita, pero se negó a orar. Dijo:

—No puedo hacerlo. ¿Cómo podría rezar por vosotros? —E insistió—: Hay unas
cuantas cosas que hemos de hacer nosotros mismos. Por ejemplo, si quieres hacer el
amor con una mujer, tienes que hacerlo tú, tú mismo. Yo no puedo hacerlo por ti ni en
tu nombre. Si tienes que sonarte la nariz, tienes que hacerlo tú, porque yo no puedo
sonarme la nariz por ti; no serviría de nada. Y es lo mismo con la oración. ¿Cómo puedo
yo orar por nadie? Ora por ti mismo, porque yo también puedo orar por mí mismo.
Cerró los ojos y se sumergió en la oración.

ESO ES LO QUE YO PUEDO HACER. El problema ha desaparecido para mí, pero no ha
desaparecido gracias a la respuesta que me haya dado nadie. Yo no le he preguntado
nada a nadie. Aún más; todo mi esfuerzo ha consistido en no hacer caso a las respuestas
que me han dado los demás con tanta generosidad.

La gente no para de darte consejos. Con los consejos son muy generosos. A lo
mejor no lo son con otras cosas, pero con los consejos son estupendos. Tanto si los
pides como si no, te los dan.

El consejo es lo único que se da en gran cantidad y lo único que no se acepta. Nadie
lo acepta. 

Me han contado que un día estaban dos vagabundos sentados bajo un árbol y uno
le dijo al otro:

—Yo he acabado en este estado por no hacer caso a los consejos de nadie.
Y el otro replicó:
—Amigo, yo he acabado así por haber seguido los consejos de todo el mundo.

Tienes que hacer tu propio viaje. Estás helado; lo sé. Eres desgraciado; lo sé.
La vida es dura; también lo sé. Y no tengo ningún consuelo para ti, ni creo que yo pueda
consolarte, porque todo consuelo se convierte en un aplazamiento. La osa le dice al
osezno: «Sí, tu padre era un oso polar», y durante un rato el osezno intenta no morirse
de frío porque supuestamente los osos polares no pasan frío, pero no le sirve de nada.
Vuelve a preguntar: «Mamá, ¿mi abuelo también era un oso polar?». Intenta saber lo
siguiente: «¿Hay algo en mi herencia que va mal y por eso tengo tanto frío?». Y la madre
contesta: «Sí, tu abuelo también era un oso polar». Vuelve a intentar aplazar el frío, pero
no se puede. Se puede retrasar un poco, pero vuelve.
No se puede rehuir la realidad.

Teorizar tampoco sirve de ayuda. Olvídate de las teorías y presta atención a los
hechos. ¿Te sientes deprimido? Tienes que indagar en la depresión. ¿Estás enfadado?
Tienes que indagar en ese enfado. ¿Sientes deseos sexuales? Pues olvídate de lo que
digan los demás; indaga en tu interior. Es tu vida y tú tienes que vivirla. No pidas nada
prestado, no aceptes nada de segunda mano. Dios ama a las personas de primera
mano. No parece que le gusten las copias. Sé una persona original, individual, sé tú
mismo e indaga en tus problemas.

Y solo puede decirte una cosa: que en tu problema está oculta la solución. El
problema es simplemente una semilla. Si profundizas en él, brotará la solución. Tu
ignorancia es la semilla. Si profundizas en ella, florecerá el conocimiento. El problema
consiste en el frío que sientes, en los escalofríos. Adéntrate en ellos, y surgirá el calor.
En realidad te lo dan todo: la pregunta y la respuesta, el problema y la solución, la
ignorancia y el conocimiento. Solo tienes que mirar en tu interior.

Osho

A menos que surja cierta experiencia en tu interior, una experiencia vital que transforme tu ser y vuelva a hacerte joven, vivo, nada tendrá ningún valor.

Un periodista intentaba sacarle una historia de interés humano a un hombre viejisimo de un asilo de ancianos financiado por el estado.

—A ver, abuelo —dijo el periodista jovialmente—. ¿Qué pensaría si de repente le
llegara una carta diciendo que un familiar lejano le ha dejado en herencia cinco millones
de dólares?
—Mira, hijo —respondió lentamente el anciano—. Seguiría teniendo noventa y
cuatro años.

¿LO ENTIENDES? LO QUE DICE EL ANCIANO ES: «Tengo noventa y cuatro años. Si
me veo con cinco millones de dólares, ¿qué voy a hacer con ellos? Seguiría teniendo
noventa y cuatro años».

Lo que dice Buda, lo que dice Mahavira, lo que dice Jesucristo no sirve de nada.
Estás muerto de frío, o tienes noventa y cuatro años. Incluso si te meten en la cabeza
todos los conocimientos del mundo, no te servirá de nada; seguirás muerto de frío o
tendrás noventa y cuatro años. A menos que surja cierta experiencia en tu interior, una
experiencia vital que transforme tu ser y vuelva a hacerte joven, vivo, nada tendrá
ningún valor.

De modo que no preguntes a los demás. Esa es la primera lección que hay que
aprender, que hay que preguntarse a uno mismo. Y también hay que recordar otra cosa:
evitar esas respuestas, porque las respuestas ya están dadas, ya las han dado otras
personas. Eres tú quien plantea la pregunta, de modo que ninguna respuesta que te dé
otra persona te servirá de ayuda.

Tú planteas la pregunta, y la respuesta también tiene que venir de ti.
Digamos que Buda ha bebido y está contento, que Jesucristo ha bebido y está como
en éxtasis. Yo también he bebido, pero ¿cómo puedo contribuir a saciar tu sed? Tú, tú
mismo tendrás que beber.

Osho

¿Quién soy yo?

UN SACERDOTE LE DIJO AL MULÁ NASRUDÍN:
—Dios te ama.
El muid replicó:
—¿Cómo va a amarme si ni siquiera me conoce?
Y el sacerdote contestó:
—Por eso puede amarte. Nosotros, que te conocemos, no podemos amarte. Resulta
demasiado difícil.

O si te acercas A un hindú, te dirá: «Tú eres Dios mismo». No el hijo de Dios, sino
Dios mismo. Pero tú sigues con tu dolor de cabeza, tu migraña, preguntándote cómo
puede Dios tener dolor de cabeza... y el problema queda sin resolver.
Si quieres preguntar: «¿Quién soy yo?», no recurras a nadie. Guarda silencio y
profundiza en tu ser. Deja que la pregunta resuene en tu interior, no verbal, sino
existencialmente. Permite que la pregunta te penetre como una flecha te atravesaría el
corazón. «¿Quién soy yo?», y repite la pregunta.

Y no tengas prisa por encontrar la respuesta, porque si la encuentras, te la habrá
dado otra persona, un sacerdote, un político, u otra cosa, como una tradición. No
respondas con la memoria, porque toda tu memoria es algo prestado. Tu memoria es
como un ordenador, algo muerto. La memoria no tiene nada que ver con el
conocimiento. La memoria es como el programa del ordenador, de modo que cuando
preguntas: «¿Quién soy yo?», y la memoria contesta: «Eres una gran alma», ojo. No
caigas en la trampa. Líbrate de toda esa porquería, porque no es más que eso,
porquería.

Sigue preguntando: «¿Quién soy? ¿Quién soy? ¿Quién soy?» y un día verás que
también la pregunta se ha desvanecido. Solo queda un ansia: «¿Quién soy?», pero solo
esa ansia, no la pregunta. «¿Quién soy?», mientras todo tu ser vibra con ese anhelo.
Y un día lo verás, que solo existe el ansia. Y en ese estado de apasionamiento, tan
intenso, de pronto te darás cuenta de que algo ha estallado. De repente te verás cara a
cara contigo mismo y sabrás quién eres.

No tiene sentido que le preguntes a tu padre: «¿Quién soy?». Ni siquiera él sabe
quién es. Tampoco tiene sentido preguntárselo a tu abuelo o a tu bisabuelo. No hay que
preguntar, no hay que preguntar ni a la madre, ni a la sociedad, ni a la cultura, ni a la
civilización.

Hemos de preguntar a nuestro ser más íntimo.
Si realmente quieres conocer la respuesta, ve a tu interior, y a partir de esa
experiencia interior se producirá el cambio.

Me preguntas cómo puedes cambiar esto. No puedes cambiarlo. En primer lugar

tienes que enfrentarte a tu realidad, y ese encuentro te cambiará.

Osho

Hay que ser valiente, ser un poco atrevido para ser tú mismo en cualquier circunstancia.


 "Nadie permite que los demás sean como son. Y esas ideas han ido haciendo mella dentro de ti hasta el punto de creer que son tuyas.  Olvídate de todos esos condicionamientos, deja que se vayan como una hoja que cae de un árbol. Es preferible ser un árbol desnudo y sin hojas a que tus hojas, tu follaje y tus flores sean de plástico; eso es horrible.

     "El rostro original" significa que no te domina ningún tipo de moral, religión o sociedad, ni padres, profesores o sacerdotes; no estás dominado por nadie. Vive tu vida de acuerdo con tu intuición interna -tienes sensibilidad- y tendrás tu rostro original...

     Hay que ser valiente, ser un poco atrevido para ser tú mismo en cualquier circunstancia. Todas las circunstancias y todas las consecuencias en conjunto enriquecerán tu personalidad  -aunque tengas que sufrir-,  harán que se agudice tu inteligencia y te darán una dirección que surge de tu propio ser interno sin que te lo imponga ninguna norma exterior".


Osho, Gozar, amar, vivir. No te tomes demasiado en serio.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Nadie es inferior y nadie es superior, porque cada individuo es único, y no existe comparación posible.

Te atormenta la idea del éxito... La idea del éxito es el mayor desastre que ha sufrido la humanidad, la idea de que hay que tener éxito. Y el éxito significa que hay que competir, que hay que luchar, no importa por qué medios, buenos o malos. Una vez que alcanzas el éxito, todo está bien. Lo importante es lograrlo, y aunque lo alcances por malos medios, cuanto hayas hecho está bien. El éxito cambia la cualidad de todos tus actos, transforma los medios malos en buenos.

De modo que lo que se plantea es lo siguiente: ¿cómo triunfar? ¿Cómo llegar a lo más alto? Y naturalmente, muy pocas personas pueden llegar a lo más alto. Si todo el mundo intentara llegar al Everest, ¿cuántas personas podrían estar en la cima? No hay mucho espacio, y solo una persona puede estar allí cómodamente. Y los millones que también se esforzaban por lograrlo se sentirían fracasados; la desesperación se adueñaría de sus almas. Empezarían a sentirse mal.

La educación que os han dado, eso que llaman educación, es errónea, totalmente perniciosa. Vuestros colegios y universidades os corrompen. Crean la desdicha, son las fábricas de los infiernos, pero de una forma tan bonita que no os dais cuenta de lo que ocurre. El mundo entero se ha convertido en un infierno debido a esa educación errónea. Cualquier educación basada en la idea de la ambición creará el infierno en la tierra. Ya lo ha logrado.

Todos sufren y se sienten inferiores. Es una situación verdaderamente extraña.

Nadie es inferior y nadie es superior, porque cada individuo es único, y no existe comparación posible. Tú eres tú, simplemente tú. No puedes ser nadie más, ni falta que hace. Y no necesitas hacerte famoso, no necesitas triunfar a ojos del mundo. Esas ideas son absurdas.

Lo único que necesitas es ser creativo, amar, tener conciencia, meditar... Si notas que la poesía empieza a surgir en tu interior, escríbela para ti mismo, para tu mujer, para tus hijos, tus amigos... y olvídate del asunto. Cántala, y si nadie la escucha, cántala a solas y disfrútala. Acércate a los árboles, que ellos la apreciarán y aplaudirán.

O habla con los animales, que te entenderán mucho mejor que los estúpidos seres humanos a quienes los conceptos erróneos de la vida llevan corrompiendo siglos y siglos.

La persona ambiciosa es un problema patológico.



Osho

La persona que provoca en ti el sentimiento de culpa adquiere poder sobre ti

Todo el mundo se siente culpable, nadie parece sentirse feliz tal y como es. Se
puede provocar el sentimiento de culpa por cualquier cosa, y una vez creado ese
sentimiento, te haces poderoso. La persona que provoca en ti el sentimiento de culpa
adquiere poder sobre ti —hay que recordar esta estrategia—, porque solo esa persona
puede redimirte. Entonces tienes que recurrir a ella. Al principio, el sacerdote provoca el
sentimiento de culpa, y tienes que ir a la iglesia, a confesarte, a decir: «He cometido un
pecado», y entonces el sacerdote te perdona en nombre de Dios. Crea la culpa en nombre
de Dios, eso en primer lugar, y después te perdona en nombre de Dios.

Fíjate en lo siguiente:
A Calvin lo sorprendió su madre cometiendo un pecado mortal, y lo obligaron a
confesarse inmediatamente.
—Padre, he estado toqueteándome —dijo Calvin.
—¿Por qué has hecho semejante cosa? —preguntó el cura, muy enfadado.
—Es que no tenía nada mejor que hacer —respondió Calvin.
—Cuatro padrenuestros y cinco avemarías de penitencia.
La madre de Calvin volvió a pillarlo una semana más tarde, y una vez más el chico
tuvo que ir a confesarse.
—Padre, he estado toqueteándome.
—¿Y por qué lo has hecho?
—Es que no tenía nada mejor que hacer —respondió Calvin.
—Diez padrenuestros y cinco avemarías de penitencia.
A la semana siguiente, la madre de Calvin volvió a sorprenderlo.
—Ya estás volviendo —dijo—. Y llévale esta tarta de chocolate al padre.
Mientras esperaba en una larga cola, Calvin se comió toda la tarta y en el
confesionario dijo:
—Padre, mi mamá me había dado una tarta de chocolate para usted, pero
mientras esperaba me la he comido entera.
—¿Por qué has hecho eso? —preguntó el cura.
—Es que no tenía nada mejor que hacer.
—¿Y por qué no te has toqueteado un poquito?

AL SACERDOTE NO LE IMPORTA LO QUE HAGAS; tiene sus propios intereses, su tarta de chocolate. ¡Y a ti, que te zurzan! Haz lo que te dé la gana, pero ¿dónde está la
tarta?  Ellos crean la culpa y después te perdonan en nombre de Dios. Te convierten en
pecador y después te dicen: «Ven a Cristo, el salvador».
No hay nadie que pueda salvarte, porque para empezar, no has cometido ningún
pecado. No necesitas que te salven.

Yo no tengo el menor interés en una sociedad ideal, y te pido que abandones ese
sueño, un sueño que ha originado tantas pesadillas. Hemos de recordar que en la
actualidad no puede ocurrir nada con la política. La política ha muerto. Votes a quien
votes, ya sea de derechas o de izquierdas, hazlo sin ilusiones. Hay que renunciar a la
idea de que un sistema, ningún sistema, puede salvar a nadie. Ningún sistema será la
salvación, ni el comunismo, ni el fascismo ni el gandhismo. Ninguna sociedad puede
salvarte, como ninguna sociedad puede ser ideal. Y no existe ningún salvador: ni
Jesucristo, ni Krisna ni Rama. Has de olvidarte de esas tonterías sobre la culpa y el
pecado que llevas a cuestas.

Pon toda tu energía en bailar y festejar la vida, y entonces sí serás ideal, aquí y
ahora, y no tendrás que convertirte en algo ideal.
La ideología como tal ha perdido su veracidad. En realidad, nunca existió y, además,
ha desaparecido la capacidad de persuasión. Quedan muy pocas mentes serias que sigan
creyendo que se pueda lograr una nueva utopía mediante la ingeniería social.
Vivimos en la época de la libertad, absoluta. Hemos alcanzado la mayoría de edad.
La humanidad ya no es infantil; ha madurado. Vivimos en una época muy socrática,
porque la gente se plantea todas las cuestiones importantes de la vida. No empieces a
ansiar y a anhelar un ideal, una idea, una perfección en el futuro.
Olvídate de los ideales y vive aquí y ahora.


Osho

Yo soy yo, y tú eres tú... Las comparaciones provocan conflictos.

Las comparaciones desembocan en la ambición y en la imitación.  Si me preguntas: «¿Por qué no soy como tú?», empezarás a intentar ser como yo, y eso te destrozará la vida, porque serás un imitador, una copia. Y si eres un imitador
perderás el respeto de ti mismo.

Raramente se encuentra a una persona que se respete a sí misma. ¿Por qué? ¿Por qué no existe la veneración de la vida, de la propia vida? Y si no respetas tu propia vida, ¿cómo vas a respetar la de los demás? Si no respetas tu propio ser, ¿cómo vas a respetar el rosal, el ciprés, la luna y a las personas? ¿Cómo vas a respetar a tu maestro, a tu padre, a tu madre, tu amigo, tu esposa, tu marido? ¿Cómo vas a respetar a tus hijos si no te respetas a ti mismo?

Y raramente se encuentra a una persona que se respete a sí misma.

¿Por qué? Porque te han enseñado a imitar.
Te han dicho desde la infancia: «Has de ser como Jesucristo», «Has de ser como Buda». Pero ¿por qué? ¿Por qué tendrías que ser como Buda? Buda nunca fue como tú.
Buda era Buda, como Jesucristo era Jesucristo, como Krisna era Krisna. ¿Por qué tendrías que ser como Krisna? ¿Qué mal has hecho a nadie, qué pecado has cometido para tener que ser como Krisna? Dios nunca creó a otro Krisna, ni a otro Buda, ni a otro Jesucristo... No le gusta crear lo mismo una y otra vez. Es un creador, no una cadena de montaje, como si produjera coches Ford. Dios no es una cadena de montaje, sino un creador original, y jamás crea lo mismo.

Y lo mismo no tendría valor. Imaginaos que Jesucristo estuviera de nuevo entre vosotros: no encajaría. Sería una antigualla, estaría pasado de moda y solo tendría cabida en un museo. No habría ningún otro sitio para él.

Dios nunca se repite; pero siempre te han enseñado a ser como otra persona:
«Tendrías que ser como el hijo del vecino... Fíjate en lo inteligente que es». «Mira a esa chica, con qué elegancia anda. Así tendrías que ser tú.» Siempre te han enseñado que
seas como otra persona.

Nadie te ha dicho que seas tú mismo y que respetes tu ser, el don de Dios.

Nunca imites a nadie: eso es lo que te digo. Jamás imites a nadie.

Sé tú mismo; se lo debes a Dios. ¡Sé tú mismo! Sé realmente tú mismo y entonces comprenderás que eres especial. Dios te ama, y por eso eres. Por eso eres en primer lugar, porque si no, no existirías. Eso indica el enorme amor que Dios siente por ti.


Osho

La vida es extraña...

A veces los reyes son mendigos y los mendigos, reyes. No te
dejes engañar por las apariencias. Mira en el interior. El corazón es rico cuando palpita de alegría, el corazón es rico cuando alcanzas la armonía con el Tao, con la naturaleza, con la ley suprema de la vida, con el dhamma. Si no, un día dirás llorando: «Es demasiado tarde...».

No puedo ayudarte a destruir tu vida. Estoy aquí para mejorar tu vida, para darte vida en abundancia y todo esto está dentro de ti.

Osho


La palabra «ideal» me parece repugnante


La palabra «ideal» me parece repugnante. Yo no tengo ideales. Los ideales te vuelven loco, son los ideales lo que han convertido este mundo en un inmenso manicomio.

El ideal significa que no eres lo que deberías ser. Te crea ansiedad, tensión, angustia. Te divide, te vuelve esquizofrénico. El ideal está en el futuro y tú estás aquí. ¿Y
cómo puedes vivir a menos que seas el ideal? En primer lugar, sé el ideal, y después empieza a vivir, algo que nunca ocurre. No puede ocurrir por la naturaleza misma de las cosas.

Los ideales son imposibles; por eso mismo son ideales. Te vuelven loco, te hacen perder la cabeza, y entonces sobreviene la repulsa, porque nunca llegas a alcanzar el ideal. Entonces surge el sentimiento de culpa. En realidad, eso es lo que hacen los sacerdotes y los políticos, crear el sentimiento de culpa. Para ello se valen de los ideales, un mecanismo muy sencillo. Ofrece un ideal y el sentimiento de culpa surgirá automáticamente.

Si te digo que dos ojos no son suficientes, necesitarás tres ojos, abrir tu tercer ojo.

Leerás a Lobsang Rampa, que dice que abras tu tercer ojo. Lo intentas por todos los medios, por aquí y por allá, cabeza abajo, con un mantra... y el tercer ojo no se abre.

Entonces empiezas a sentirte culpable, que si me falta algo, que si no soy como debería ser... Te deprimes, te frotas el tercer ojo, pero no se abre.

Cuidado con todas esas tonterías. Los dos ojos que poseemos son maravillosos, e incluso si solo tienes uno, es perfecto. Tienes que aceptarte como eres. Dios te ha hecho perfecto, no ha dejado nada incompleto en ti. Y si sientes que hay algo incompleto, forma parte de la perfección. Eres perfectamente imperfecto. Dios sabe, más que tú, que solo en la imperfección existe el desarrollo, que solo en la imperfección existe el fluir, que solo en la imperfección algo es posible. Si fueras perfecto estarías muerto, como una piedra. No ocurriría nada, nada podría ocurrir.

Osho


viernes, 6 de diciembre de 2013

Lo satisfactorio es disfrutar de lo que haces, poner todas tus energías en ello,

    Abraham Lincoln llegó a presidente de los Estados Unidos... SU padre era zapatero, y en el Senado sentían cierta vergüenza de que el hijo de un zapatero fuera el responsable de los más ricos, de los de clase alta, que se creen superiores porque tienen más dinero, porque vienen de familias de abolengo. Todos los miembros del Senado estaban un poco avergonzados, irritados y enfadados; a nadie le hacía ninguna
gracia que Lincoln fuera el presidente.

     Un hombre muy arrogante, un burgués, se levantó y dijo lo siguiente antes de que Lincoln pronunciara su primer discurso ante el Senado:
—Señor Lincoln, antes de que comience quisiera recordarle que es usted hijo de un zapatero.

     El Senado en pleno se echó a reír. Querían humillar a Lincoln. No podían derrotarlo, pero sí humillarlo. Claro está, no resulta fácil humillar a un hombre como Lincoln.
Lincoln replicó:
—Le agradezco infinitamente que me haya recordado a mi padre, que ha muerto.
Jamás olvidaré que me lo haya recordado, porque nunca seré tan buen presidente como buen zapatero era mi padre. —Se hizo un silencio sepulcral ante la actitud de Lincoln. Y añadió—: por lo que sé, mi padre hizo zapatos para su familia. Si le molestan o tienen algún problema, y aunque yo no soy gran cosa como zapatero, aprendí el oficio con mi padre desde la infancia, puedo solucionarlo. Y lo mismo les digo a todos los miembros del Senado. Si mi padre hizo los zapatos y necesitan algún arreglo, alguna mejora, siempre estaré a su disposición. Pero tienen que tener en cuenta una cosa: que no soy tan bueno como él. Él era un artista. Y se le cayeron las lágrimas al pensar en su padre.

     DA IGUAL: ser presidente de tercera clase o zapatero de primera clase. Lo satisfactorio es disfrutar de lo que haces, poner todas tus energías en ello, no desear ser ninguna otra persona, sino desear ser lo que eres, y coincidir con naturaleza en que el papel que se te ha asignado en esta obra es el papel adecuado, y que no estás dispuesto a cambiarlo ni con un presidente o un emperador. Ese es el auténtico poder, la auténtica riqueza.

     Si todos llegamos a ser nosotros mismos, veremos la tierra entera llena de personas con poder, con fuerza, inteligencia, comprensión y satisfacción sin límites, con el gozo de haber llegado a casa.

Osho


La riqueza es lo que hay en ti de auténtico, de sincero, de verdadero, tu amor...

     Tu creatividad, tu sensibilidad, tu capacidad para meditar: ahí está tu auténtica riqueza.

     La sociedad te ha abocado a lo mundano, y te has olvidado por completo de que te han abocado a eso.

     Recuerdo una historia que me contaron, una historia real: Un día, en la India, un hombre iba en una moto, y como hacía mucho frío se puso la chaqueta al revés, con la parte de detrás por delante, porque tenía mucho frío y el viento le daba de cara. Un sardar* —Los sardares son muy simples— también venía en su moto por el otro extremo de la carretera, y no daba crédito a sus ojos. Pensó: «Ese hombre tiene la cabeza al revés».

     Se asustó tanto que al aproximarse chocó contra el pobre hombre, que cayó al suelo, casi inconsciente. El sardar lo miró detenidamente y dijo: «Dios mío, ¿qué le ha pasado? La ciudad está lejos, el hospital está lejos, pero hay que hacer algo».

     Los sardares son las personas más fuertes de la India, y aquel pobre hombre estaba inconsciente. Así que le torció la cabeza para colocarla bien, según como llevaba la chaqueta. En ese mismo momento llegó un coche celular y los policías preguntaron:
—¿Qué ocurre? El sardar contestó:
—Han llegado justo a tiempo. Miren a este hombre: se ha caído de la moto.

     Los policías preguntaron. —¿Está muerto? El sardar respondió:
—Estaba vivo cuando tenía la cabeza al revés. Cuando se la puse en su sitio dejó de respirar. Los policías dijeron:
—Solo se ha fijado en la cabeza. ¡No se ha dado cuenta de que lo que está al revés es la chaqueta, no la cabeza! El sardar replicó:
—Somos personas pobres y sencillas. Nunca había visto a nadie con una chaqueta con los botones a la espalda. Pensé que había tenido un accidente. Aunque estaba inconsciente, respiraba. Le torcí la cabeza. Me costó mucho trabajo, pero cuando quiero hacer algo, lo hago. Lo hice, y le enderecé la cabeza hasta que se adaptó perfectamente a la chaqueta. Entonces dejó de respirar. ¡Qué tipo tan raro!

* Sardar: título respetuoso para un sij.

     MUCHAS PERSONAS TE HAN TORCIDO LA CABEZA, la mente, de muchas formas, según sus ideas de cómo deberías ser. No tenían mala intención. Tus padres te querían, tus profesores te querían, la sociedad quiere que seas alguien. Tenían buenas intenciones, pero escaso entendimiento. Olvidaron que no se puede convertir un macizo de caléndulas en un rosal, ni viceversa.

     Lo único que puedes hacer es contribuir a que las rosas sean más grandes, a que tengan más color y más fragancia. Puedes aportar todos los productos químicos necesarios para transformar el color y el perfume —el abono, la tierra adecuada, el riego conveniente en los momentos oportunos—, pero no conseguirás que el rosal de lotos.


Osho

Vayas a donde vayas serás tú mismo, en el cielo o en el Himalaya

     No puedes ser de otra manera. El mundo no está fuera de ti; tú eres el mundo, de modo que vayas a donde vayas llevarás el mundo contigo.

     El verdadero cambio que se tiene que producir no es de lugar, no tiene que producirse fuera, sino dentro. ¿A qué me refiero con el verdadero cambio? No me refiero a que tengas que mejorar, porque mejorar es otra mentira.  Mejorar significa que continuarás puliendo tu personalidad. Puede llegar a ser maravillosa, pero recuerda que, cuanto más maravillosa, más peligrosa, porque más difícil te resultará desprenderte de ella.

     Por eso a veces un pecador se transforma en santo, pero las personas respetables nunca se transforman. No pueden, porque tienen una personalidad muy valiosa, con muchos adornos, muy pulida, y han invertido mucho en esa personalidad; su vida entera ha sido una especie de continua pulimentación. Les costaría demasiado abandonar esa maravillosa personalidad. Un pecador sí puede hacerlo, porque no ha invertido nada en ella. Aun más; está harto de ella, de tan fea como es. Pero ¿cómo podría desprenderse tan fácilmente una persona respetable, con tantas recompensas como le ha dado, con tantos beneficios como le ha reportado? Con ella ha ganado respetabilidad, le ha hecho ascender, va a llegar al culmen del éxito. Le resulta muy difícil dejar de ascender por los peldaños del éxito. Es una escalera sin fin, por la que se puede subir eternamente.

     Cuando Henry Ford estaba a punto de morir, en su lecho de muerte, aún planeando nuevas industrias, nuevos negocios, alguien le dijo:
—¡Pero si se está usted muriendo! Según los médicos, no vivirá más de unos cuantos días. Ni siquiera están seguros de eso; podría morir hoy o mañana. ¿Y ahora qué? Ha dedicado su vida entera a esto, y tiene mucho dinero, mucho más de lo que puede gastar. Ese dinero no sirve para nada. ¿Por qué se empeñó en crear tantas empresas?  

     Seguramente Henry Ford dejó de planear cosas unos momentos y respondió:
—Mire, no puedo parar. Es imposible. Solo la muerte me detendrá; yo soy incapaz.
Mientras esté vivo querré subir un peldaño más. Sé que es absurdo, pero no puedo parar.

     Cuando se triunfa en el mundo resulta muy difícil parar. Resulta difícil parar cuando te estás enriqueciendo, cuando te estás haciendo famoso. Cuanto más refinada sea la personalidad, más se afianza.

Por eso no digo que tengas que mejorar. Desde Buda a Hakuin, ninguno de los grandes maestros ha hablado de que haya que mejorar. Ojo con los llamados «libros para mejorar» de «desarrollo personal». El mercado está lleno de esos libros, y hay que tener mucho cuidado con ellos, porque esa mejora no te llevará a ninguna parte. No se trata
de mejorar, porque con mejorar solo se consigue aumentar la mentira. Mejorará la personalidad, se pulirá más, se hará más sutil, más valiosa, pero eso no equivale a la transformación.

   La transformación no se produce mejorando la personalidad, sino abandonándola.  La mentira no puede convertirse en la verdad. No hay forma alguna de mejorar la
mentira para que se convierta en la verdad. Siempre seguirá siendo la mentira. Parecerá cada día más la verdad, pero seguirá siendo la mentira. Y cuanto más verdad parezca, más te absorberá, más arraigará en ti. La mentira puede parecer hasta tal punto la verdad que es posible olvidarse de que en realidad es mentira.

     La mentira te dice: «Ve en busca de la verdad. Mejora tu carácter, tu personalidad.

     Busca la verdad, transfórmate en esto, transfórmate en lo otro». La mentira no para de ofrecerte nuevas actividades: haz esto, y todo irá bien y serás feliz para siempre. Haz esto, haz lo otro. ¿Que esto falla? No importa; tengo otros planes para ti. La mentira no para de ofrecerte planes, y tú sigues esos planes, malgastando tu vida.

     En realidad, la búsqueda de la verdad también procede de la mentira. Resulta difícil de comprender, pero es algo que hay que comprender. La búsqueda de la verdad deriva
de la propia mentira. Es la forma de protegerse que tiene la mentira; si incluso te ofrece la búsqueda de la verdad, ¿cómo puedes sentirte a disgusto con tu personalidad? ¿Y cómo puedes decir que es mentira? Te empuja, te arrastra a ir en busca de la verdad.

Osho
  

Cuando llega la muerte, simplemente lo borra todo; no queda ninguna huella.

¿Funcionamos siempre mediante el ego o en algunos momentos nos libramos  de él?

     Como el ego es ficticio, en algunos momentos te libras de él. Como es una ficción, solo puede mantenerse si tú lo mantienes. La ficción requiere un mantenimiento, al contrario que la verdad, y de ahí la belleza de la verdad. Pero una ficción hay que pintarla continuamente, apuntalarla aquí y allá, porque se desmorona sin cesar. Cuando consigues apuntalarla por un lado, empieza a desmoronarse por el otro.

     Y eso es lo que hace la gente durante toda su vida, intentar que la ficción parezca la verdad. Si tienes más dinero, puedes tener un ego más grande, un poco más sólido que el de un pobre. El ego del pobre es pequeño; no se puede permitir un ego mayor. Si llegas a primer ministro o presidente de un país, tu ego se hincha al máximo y dejas de tener los pies en el suelo.

  Nuestra vida entera, la búsqueda de dinero, poder, prestigio, esto y lo otro, no es sino la búsqueda de puntales, de apoyos, para mantener la ficción. Y en realidad sabemos que la muerte se aproxima. Hagamos lo que hagamos, la muerte lo destruirá; pero a pesar de los pesares, seguimos adelante: a lo mejor mueren todos los demás, pero tú no.

     Y en cierto modo es verdad. Como siempre has visto morir a otros, pero no a ti mismo, parece que es verdad, y también lógico. Mueren esa persona y la otra, pero tú no. Tú siempre estás allí para lamentarte, para acompañarlas al cementerio y despedirte de ellas, pero después vuelves a tu casa.

     No te dejes engañar, porque todas esas personas estaban haciendo lo mismo, y nadie es una excepción.  Cuando llega la muerte, destruye la ficción de tu nombre, de tu fama. Cuando llega la muerte, simplemente lo borra todo; no queda ninguna huella.

      Intentemos lo que intentemos hacer con nuestra vida, no es más que escribir sobre el agua; ni siquiera sobre la arena, sino sobre el agua. No acabas de escribirlo cuando ya ha
desaparecido. No te da tiempo ni a leerlo, porque desaparece enseguida.

    Pero seguimos intentando construir castillos en el aire. Como se trata de una ficción, hay que mantenerla continuamente, con un esfuerzo constante, noche y día. Y nadie puede mantener semejante vigilancia veinticuatro horas al día. De modo que a veces, sin querer, vislumbras durante unos momentos la realidad sin el ego como barrera.
Sin la pantalla del ego se viven ciertos momentos especiales, aunque tú no lo quieras. Recuérdalo. Todo el mundo experimenta esos momentos de vez en cuando.

  Por ejemplo: cuando alguna noche duermes profundamente, tan profundamente que no tienes sueños, el ego desaparece, desaparecen todas las ficciones. El acto de
dormir profundamente, sin sueños, es como una muerte en pequeño.

     Cuando se duerme sin soñar, el ego desaparece por completo, porque cuando no se piensa, no se sueña, ¿cómo seguir adelante con una ficción? Pero mientras dormimos
pasamos muy poco tiempo sin soñar. En ocho horas de sueño sano ese lapso no sobrepasa las dos horas, pero ese tiempo nos revitaliza. Si dormimos dos horas profundamente, sin soñar, a la mañana siguiente nos sentimos renovados, vivos. 

      La vida vuelve a resultar emocionante, el día parece un regalo. Todo parece nuevo, porque nos hemos renovado. Y todo parece maravilloso, porque estamos en un espacio maravilloso.

    ¿Qué ocurre en esas dos horas en las que dormimos profundamente, lo que patanjali y el yoga denomina sushupti, dormir sin soñar? Que desaparece el ego, y con esa desaparición del ego te revitalizas, rejuveneces. Al desaparecer el ego, incluso en un estado de profunda inconsciencia, se nos concede una idea de Dios. Según el patanjali, no existe gran diferencia entre el sushupti, el dormir sin soñar, y el samadhi, el estado último que alcanza Buda. No existe gran diferencia, pero sí existe. Radica en la
conciencia. Al dormir sin soñar se está inconsciente; en el samadhi se está consciente, pero es el mismo estado. Nos acercamos a Dios, al centro universal. Desaparecemos de la
circunferencia y vamos al centro, y ese contacto con el centro nos rejuvenece.

Como el ego es una ficción, a veces desaparece. El momento más importante es cuando se duerme sin soñar, y por eso hay que tenerlo muy en cuenta y no perdérselo por ningún motivo.

Osho


Mañana simplemente significa lo que nunca llega.

     El ego es la mayor de las mentiras, que tú has aceptado como una verdad; pero los intereses creados lo favorecen, porque si todos aceptaran la ausencia del ego, la competición olímpica que se desarrolla en el mundo entero sencillamente se paralizaría.


     Nadie querría subir al Everest, sino que disfrutaría del sitio donde está y se alegraría de ello.  El ego te mantiene a la espera: mañana, cuando triunfes, te alegrarás. Naturalmente, hoy tienes que sufrir, tienes que sacrificarte. Si quieres triunfar mañana, tienes que sacrificarte hoy. Has de merecerte el triunfo, y para eso haces toda clase de ejercicios. Solo es cuestión de sufrir durante algún tiempo y después te alegrarás. Pero ese mañana nunca llega. Nunca ha llegado.


     Mañana simplemente significa lo que nunca llega. Supone retrasar la vida, una estrategia estupenda para seguir sufriendo.  El ego no puede sentir alegría en el presente, no puede existir en el presente; solo existe en el futuro, en el pasado, es decir, en lo que no es. El pasado ya no existe, el
futuro aún no existe; ambos carecen de existencia. El ego solo puede existir con lo no existente, porque en sí mismo no existe.

En el momento puramente presente no hallarás ningún ego en tu interior, sino una alegría silenciosa, una nada silenciosa y pura.

  

Osho