viernes, 17 de enero de 2014

Estar bajo el influjo de otros significa ser psicológicamente esclavo.

HAS DE RECORDAR ALGO FUNDAMENTAL: que tu mente no es tu mente. Es algo que te ha implantado la sociedad en la que por casualidad has nacido. Si naciste en un hogar cristiano pero te hubieran trasladado inmediatamente a una familia musulmana, no tendrías la misma mente, sino una completamente distinta, que no puedes ni imaginarte.

Bertrand Russell, uno de los mayores genios de nuestra época, intentó con todas sus fuerzas librarse de la mente cristiana, no porque fuera cristiana, sino porque se la habían impuesto. Quería tener su propia visión de las cosas, una visión nueva. No quería verlas con las gafas de otros; deseaba entrar en contacto con la realidad de una forma inmediata y directa, tener su propia mente.

De modo que no se trataba de enfrentarse a la mente cristiana, porque si hubiera sido hindú habría hecho lo mismo, o si hubiera sido musulmán o comunista.
Lo que se plantea es si la mente es tuya o si te la han implantado otros, porque los demás te implantan una mente que no te sirve a ti, sino a los propósitos de esas otras personas.

Los padres, los profesores, los sacerdotes, el sistema educativo te preparan para que tengas una mente determinada, y pasas toda la vida con esa mente. Es una vida
prestada, y por eso hay tanto sufrimiento en el mundo, porque nadie vive con autenticidad, nadie vive su propio ser, sino que obedece las órdenes que le han implantado.

Bertrand Russell lo intentó con todas sus fuerzas y escribió un libro titulado Por qué no soy cristiano, pero en una carta a un amigo decía lo siguiente: «Aunque he escrito el libro, aunque no creo ser cristiano y he abandonado esa idea, en el fondo... Un día me pregunté: "¿Quién es el hombre más importante de toda la historia?".

Racionalmente sé que es Buda Gautama, pero no podría situarlo por encima de Jesucristo.

»Ese día tuve la sensación de que todos mis esfuerzos habían sido inútiles. Sigo siendo cristiano. Racionalmente sé que no existe comparación posible entre Jesucristo y Buda Gautama, pero es algo puramente racional. Emocional, sentimentalmente, no puedo situar a Buda Gautama por encima de Jesucristo. Jesucristo permanece en mi inconsciente, sigue afectando a mis actitudes, mis puntos de vista, mi conducta. El mundo piensa que ya no soy cristiano, pero yo sé que no es así... ¡Me parece tan difícil librarme de esta mentalidad...! ¡Con qué perspicacia y con qué habilidad la han desarrollado!»

Y es un proceso largo, en el que nunca pensamos. Una persona vive como mucho setenta y cinco años, y se pasa veinticinco en colegios y universidades, es decir, dedica una tercera parte de su vida a cultivar su mente, un determinado tipo de mente.

Bertrand Russell fracasó porque no sabía cómo librarse de ella. Lo intentó, pero dando palos de ciego.
Existen ciertos métodos de meditación que pueden alejarte de la mente, y entonces resultará muy fácil que desees librarte de ella, pero es imposible librarte si en primer lugar no te has separado de ella, porque ¿quién va a abandonar a quién?

Bertrand Russell luchaba con la mitad de su mente contra la otra mitad, y ambas eran cristianas... Es imposible.
Pero la sociedad quiere que seas una copia, no el original.

La estrategia para crear en ti una mente consiste en repetir ciertas cosas continuamente, y cuando una mentira se repite continuamente acaba siendo una verdad. Acaba olvidándose que al principio era una mentira.

Hitler empezó contándole una mentira al pueblo alemán, que los judíos eran la causa de sus desdichas y sus sufrimientos. Es absurdo, tanto como si alguien dijera que el sufrimiento de todo un país se debe a las bicicletas y que si las destruimos todas desaparecerá el sufrimiento.

En realidad, los judíos eran como la columna vertebral de Alemania, porque habían creado toda la riqueza de ese país. Y no tenían otra nación, de modo que la nación en la que vivieran era la suya. No tenían otra alternativa; no podían traicionar a nadie, y habían hecho las mismas cosas que el resto de los alemanes por el bienestar del país.

Pero Hitler dice lo siguiente en su autobiografía: «Da lo mismo lo que se diga, porque la verdad no existe. La verdad es una mentira repetida tantas veces que se llega a olvidar que es mentira». De modo que, según Hitler, la única diferencia entre la verdad y la mentira es que la mentira es nueva y la verdad vieja; no existe otra diferencia. Y parece que Hitler lo sabía bastante bien.

Por ejemplo, el cristianismo, el hinduismo y el islamismo... Estas tres religiones no paran de repetir: «Hay un Dios». El jainismo, el budismo y el taoísmo, otras tres religiones, dicen lo siguiente: «No hay ningún Dios». El primer grupo de religiones está dominado por cierta mentalidad, y toda su vida invadida por la idea de Dios, el infierno, el cielo, la oración. El segundo grupo de religiones no tiene oración, porque no hay a quien orar, porque para ellas no existe un Dios y, por tanto, la pregunta ni se plantea.

Medio mundo es comunista, no cree en el alma humana y a los niños se les repite sin cesar que el hombre es materia, que cuando muere, simplemente muere y nada más, que nada permanece, que el alma no existe, y que la conciencia es un derivado.

Media humanidad repite lo mismo, como si fuera la verdad.
No se puede acusar a Hitler de afirmar cosas completamente absurdas. Parece cierto que si se repite a la gente lo mismo una y otra vez, poco a poco empieza a creérselo. Y cuando lleva siglos enteros repitiéndose, se convierte en una especie de herencia.

Tu mente no es tuya. Tampoco es joven, porque tiene siglos de antigüedad: tres mil, cinco mil años. Por eso toda sociedad teme suscitar dudas sobre la mente.
Y en eso consiste mi delito, que yo suscito dudas sobre tu mente, que deseo que comprendas que no es tu mente y que tu búsqueda debe centrarse en encontrar tu propia mente. 

Estar bajo el influjo de otros significa ser psicológicamente esclavo. Y la vida no es para la esclavitud, sino para probar la libertad.

La verdad existe, pero con esta mente nunca podrás conocerla, porque esta mente está llena de mentiras, de mentiras que llevan repitiéndose desde hace siglos. Puedes encontrar la verdad cuando abandonas por completo esta mente y miras la existencia con nuevos ojos, como un recién nacido. Entonces, todo lo que experimentas es verdad, y si te mantienes continuamente alerta para no permitir que los demás no interfieran en tu crecimiento interno, llega un momento en el que te armonizas tanto con la existencia, que te haces uno con ella.

Solamente esta experiencia se puede denominar experiencia religiosa. No tiene nada que ver con el judaísmo, ni con el cristianismo, ni con el hinduismo.

Cuando sientes la existencia de una forma inmediata, sin mediadores, sin una mente que te haya sido impuesta por otros, pruebas algo que te transforma, que te ilumina, que te transporta a la más alta cima de la conciencia.

Osho

¿Es mi mente realmente mía o me la han implantado otros?

Tu mente está en tu interior, pero en realidad es algo que la sociedad proyecta dentro de ti. No es tuya.

Los niños no nacen con mente, sino con cerebro. El cerebro es el mecanismo, y la mente la ideología. La sociedad alimenta el cerebro, y toda sociedad crea una mente según sus condicionamientos. Por eso existen tantas mentes en el mundo. La mente hindú no tiene nada que ver con la cristiana, ni la mente comunista con la budista.

Pero al individuo se le impone un engaño, que la mente es suya, y el individuo actúa de acuerdo con la sociedad, siguiendo los dictados de la sociedad, pero sintiéndose como si actuara por sí mismo. Es un truco muy astuto.

George Gurdjief contaba lo siguiente:

Un mago que vivía en las montañas tenía muchas ovejas y para ahorrarse a los criados e ir en busca de los animales todos los días, cuando se extraviaban, hipnotizó a las ovejas y les contó una historia distinta a cada una. Les impuso una mente distinta a cada una.

A una le dijo: «No eres una oveja. Eres un hombre, o sea, que no te preocupes. Ni te van a matar ni a sacrificar, como a las demás ovejas. Ya sabes; son solo ovejas. Vamos, que no te preocupes. Puedes volver a casa tranquilamente». A otra le dijo: «Eres una leona, no una oveja», y a otra: «Eres un tigre». Y a partir de ese momento el mago empezó a sentirse
tranquilo, porque las ovejas empezaron a actuar de acuerdo con la mente que él les había dado.

Por supuesto, mataba ovejas —todos los días, para que comieran su familia y él—, pero las ovejas que estaban convencidas de ser leones, hombres o tigres decían entre risas: «Hay que ver lo que les pasa a las ovejas». Y no tenían miedo, a diferencia de los viejos tiempos.

Cuando aquel hombre sacrificaba una oveja antes, las demás decían temblorosas:
«Mañana es el día final. ¿Cuánto voy a vivir?». Y por eso se escapaban, para librarse del mago.
Pero luego nadie podía escaparse, porque había leones, tigres... Se les habían implantado toda clase de mentes.

Osho

La mente no tiene compasión. Para la compasión, para el amor, para la alegría, para la risa... hace falta un corazón, libre de la prisión de la mente.

Siempre hablas en contra de la mente, dices que debemos olvidarnos de ella, mandarla callar, que no es necesaria en la búsqueda de la verdad. ¿Para qué sirve entonces? ¿Es completamente dañina?

respuesta Osho...

La mente es una de las cosas más importantes de la vida, pero solo como criada, no como ama. En cuanto la mente se adueña de ti, surge el problema: reemplaza a tu corazón, reemplaza a tu ser, se apodera por completo de ti. Entonces, en lugar de cumplir tus órdenes, empieza a darte órdenes a ti.


No digo que haya que destruir la mente, el fenómeno más evolucionado de la vida.

Lo que digo es lo siguiente: «Procura que el criado se convierta en amo».  Recuerda que tu ser es lo primero, lo segundo tu corazón y lo tercero la mente. En eso consiste la personalidad equilibrada de un verdadero ser humano.

La mente es lógica... tremendamente útil, y no se puede sobrevivir sin ella en el mundo. Yo jamás he dicho que no se deba utilizar la mente en el mundo; todo lo contrario. Pero has de ser tú quien la utilice, no ella a ti. Una enorme diferencia... Es la mente la que nos ha proporcionado la tecnología, la ciencia, pero como ha dado tanto, se ha erigido en dueña de tu ser. Ahí es donde comienza el daño, porque
cierra por completo las puertas del corazón.


El corazón no resulta útil, no tiene ningún objetivo que cumplir. Es como una rosa.

La mente puede darte pan, dinero, pero no alegría. No contribuye a que disfrutes de la vida. Es muy seria y ni siquiera tolera la risa. Y una vida sin risa está por debajo de los niveles humanos, se hace infrahumana, porque solo el hombre, entre todas las formas de vida, es capaz de reír.

La risa es indicio de la conciencia en su máxima expresión. Los animales no ríen, ni los árboles, como tampoco pueden reír las personas enjauladas en la mente, como los santos, los científicos y los llamados grandes dirigentes. Son demasiado serios, y la seriedad es una enfermedad. Es el cáncer del alma, la destrucción del alma.

Y como estamos en manos de la mente, toda su creatividad se ha puesto al servicio

de la destrucción. Mientras la gente se muere de hambre, la mente se afana en acumular armas nucleares. Mientras la gente pasa hambre, la mente se empeña en llegar a la Luna.

La mente no tiene compasión. Para la compasión, para el amor, para la alegría, para la risa... hace falta un corazón, libre de la prisión de la mente.


El corazón posee un valor superior. De nada sirve en el mercado; el mercado no da significado a la vida. El mercado es la más baja de todas las actividades humanas.
Cuánta razón tiene Jesús al decir: «No solo de pan vive el hombre». Pero con la mente únicamente puede ganarse uno el pan. Sirve para sobrevivir, pero la supervivencia no es lo mismo que la vida. La vida necesita algo más: la danza, el canto, la alegría.

Por eso quiero que pongas cada cosa en su sitio. Habría que hacer caso al corazón en primer lugar si existiera cualquier conflicto entre la mente y el corazón. En cualquier conflicto entre el amor y la lógica, la lógica no puede ser determinante; ha de serlo el amor. La lógica no aporta savia; es un elemento seco. Sirve para los cálculos, para las matemáticas y la tecnología científica, no para las relaciones humanas, ni para el crecimiento del potencial interno de cada persona.


Osho

Si te domina la mente, incluso en el paraíso dirá: ¿Y esto es el paraíso?

Tiene que haber algo más». Todas las casas parecen viejas y en ruinas, porque llevan allí toda la eternidad. Todas las personas parecen tristes y serias; también ellas llevan allí toda la eternidad. El polvo se ha acumulado sobre su piel; no tienen nada que hacer allí, y han perdido su dignidad. Han alcanzado el paraíso, pero han perdido su carácter humano; ni siquiera pueden reír.


¿Sabías que la risa está prohibida en el paraíso? Ningún libro sagrado de ninguna religión dice que el humor sea una cualidad religiosa... pero yo sí lo digo. Nadie está dispuesto a que el humor forme parte del sentimiento religioso. ¿Os imagináis qué harán todos esos, santos muertos, resecos, en el paraíso? No pueden amar, no pueden jugar a las cartas, ni siquiera jugar al fútbol. No pueden ver la televisión —no es algo piadoso—, no pueden tomarse una taza de té, no trabajan y, por consiguiente, ni siquiera tienen unos momentos para tomarse el café. Sus días están vacíos, y también sus noches; deben de estar deseando volver a la tierra. Aquí, al menos los veneraban como santos; allí nadie los venera porque todos son santos.



Pero nadie puede volver del paraíso. El paraíso tiene puerta de entrada, pero no de salida, y antes de entrar en él conviene pensárselo dos veces: va a ser el último acto, y después se acabó. Es casi como entrar en la tumba. Pero la mente no dudará en decir: «Esto no es el paraíso. ¡Búscalo! Esto parece una broma, como si detrás de todo esto estuviera el diablo. Menuda broma decir que esto es el paraíso». Ni siquiera en el paraíso te permitirá la mente tener paz, porque la paz y la mente no se llevan bien.



Osho

sábado, 11 de enero de 2014

¿Por qué abrazar es un instrumento terapéutico tan increíblemente eficaz?

Antes pensaba que lo único que servía eran la claridad, el ingenio y el análisis, pero todo eso
son tonterías en comparación con un abrazo [compartido].

EL SER HUMANO necesita que lo necesiten, eso constituye una de sus necesidades
fundamentales. A menos que te muestren afecto, empiezas a morir, y a menos que
sientas que eres importante para alguien, aunque solo sea una persona, tu vida carece
de sentido. Por eso el amor es la mejor terapia.

El mundo necesita una terapia porque al mundo le falta amor.
En un mundo en el que realmente reinara el amor no se necesitaría ninguna
terapia; el amor sería suficiente, más que suficiente. Abrazar es un simple gesto de
amor, de calor, de afecto. La sensación de calor que transmite la otra persona derrite
muchas enfermedades, derrite el ego, frío como el hielo, y te hace sentir de nuevo como
un niño.

Osho

La verdad está en ti, y es en tu interior donde has de encontrarla.

Hay tres tus en ti.

En ti hay tres tus: el primero, que es la personalidad. Este término procede del
griego persona. En la tragedia griega se utilizaban máscaras, y la voz salía de detrás de
la máscara. Sona significa «voz», «sonido», y per, «a través de la máscara». No se conoce
la cara real, quién es el actor. Está la máscara, y por ella sale la voz. Parece que viene de
la máscara, y no se ve la cara real. La palabra «personalidad» es muy hermosa, y
procede de la tragedia griega.

Y eso es lo que ha ocurrido. En la tragedia griega solo había una máscara. Tú
tienes muchas, una sobre otra, como las capas de una cebolla. Si te quitas una
máscara tienes otra, y si te quitas esa tienes otra. Y si sigues escarbando, te
sorprenderá cuántas caras llevas. ¡Un montón! Llevas varias vidas coleccionándolas, y
todas te resultan útiles, porque tienes que cambiarlas muchas veces.
Si hablas con tu criado no puedes ponerte la misma cara que cuando hablas con tu
jefe. Y quizá estén los dos en la misma habitación, pero cuando miras al criado tienes
que utilizar una máscara y otra cuando miras a tu jefe. Cambias continuamente. Se ha
convertido en algo casi automático; no hace falta que tú cambies, se cambia por sí
solo. Cuando miras a tu jefe sonríes. Después miras al criado, tu sonrisa desaparece y
adoptas una expresión dura, tan dura como la que te muestra tu jefe. Cuando él mira a
su jefe, sonríe.

Puedes cambiar de cara muchas veces en cuestión de segundos. Hay que estar muy
alerta para darse cuenta de las múltiples caras que tenemos: innumerables,
incontables.

Ese es el primer tú, el tú falso, que también puede llamarse el ego. Te lo ha dado la
sociedad, es un regalo de la sociedad, de los políticos, los sacerdotes, los padres y los
pedagogos. Te han dotado de múltiples caras para facilitar tu vida. Te han arrebatado la
verdad y te han dado un sustituto, y a causa de esas caras sustituibles no sabes quién
eres. No puedes saberlo, porque las caras son tantas y cambian con tal rapidez que no
puedes fiarte ni de ti mismo. No sabes exactamente qué cara es la tuya. En realidad,
ninguna de esas caras son la tuya.
Y el zen dice: «A menos que conozcas tu cara original no sabrás qué es Buda».
Porque Buda es tu cara original.
Naciste como un Buda y estás viviendo en la mentira.
Has de abandonar ese legado social. 
Eres cristiano, hindú o musulmán, y tienes que abandonar esa cara, esa careta, porque
no es la tuya, sino que te la han dado los demás y te han condicionado con ella; A ti no
te preguntaron nada, no te pidieron permiso; te la impusieron por la fuerza, con
violencia.

Todos los padres y los sistemas educativos son violentos, porque no te tienen en
cuenta. Tienen ideas preconcebidas, saben qué es lo bueno y lo malo, y te lo imponen.
Ya puedes gritar y revolverte; estas desvalido. El niño está tan desvalido y es tan
delicado que lo pueden moldear. Y eso es lo que hace la sociedad. Antes de que el niño se
haya fortalecido lo suficiente, ya tiene mil y un traumas; está paralizado, envenenado.
Cuando quieras ser religioso tendrás que abandonar todas las religiones. Cuando
quieras relacionarte con Dios tendrás que abandonar todas las ideologías sobre Dios.
Cuando quieras saber quién eres, tendrás que abandonar todas las respuestas que te
han dado. Tienes que quemar todo lo que te han prestado.
Por eso se ha definido el zen de la siguiente manera: «Dirigido directamente al
corazón humano. Ver la naturaleza y transformarse en un Buda. No apoyarse en las
letras. Una transmisión distinta, aparte de las escrituras».

Una transmisión distinta, aparte de las escrituras; es decir, que ni el Corán ni el
Dhammapada, ni la Biblia ni el Talmud ni el Gita te la pueden proporcionar. Ninguna de
las escrituras sagradas te lo puede dar, y si crees en esas escrituras no alcanzarás la
verdad.

La verdad está en ti, y es en tu interior donde has de encontrarla. «Ver la
naturaleza y transformarse en Buda. Dirigido directamente al corazón humano.» No
tienes que ir a ninguna parte. Y, como vayas a donde vayas, seguirás siendo el mismo,
¿qué sentido tiene? Puedes ir al Himalaya, y con eso no cambiará nada, porque te
llevarás todo lo que tienes, todo lo que eres, todo en lo que te han convertido, lo llevarás
contigo, artificialmente. Tus caras artificiales, los conocimientos que te han prestado, las
escrituras, todo seguirá aferrado a ti. Incluso si te sientas a solas en una cueva del
Himalaya no estarás a solas. Te rodearán los profesores, los sacerdotes, los políticos, tus
padres, la sociedad entera. Quizá no lo veas, pero todos estarán allí, a tu alrededor. Y
seguirás siendo cristiano, hindú o musulmán, y seguirás repitiendo palabras como un
loro. Nada cambiará, porque así nada puede cambiar.

Osho

jueves, 9 de enero de 2014

El ego es el mayor de los sueños.

Lo que pasa es lo siguiente: estás soñando, y si el sueño llega a la culminación, se
destruye. Siempre ocurre lo mismo, que cuando un sueño llega al punto culminante, se
destruye. ¿Y cuál es el punto culminante de un sueño? El punto culminante de un sueño
llega cuando se tiene la sensación de que es real. Tienes la sensación de que es real, no
un sueño, y continúas con él hasta que el sueño se hace casi realidad. Nunca puede
llegar a ser realidad, sino casi real.

Se aproxima tanto a la realidad que no puedes ir más lejos, porque con dar un
paso más el sueño sería real, y no puede serlo porque es un sueño. Cuando se acerca
tanto a la realidad, te despiertas, con el sueño hecho añicos. Lo mismo ocurre con los
demás engaños.

El ego es el mayor de los sueños. Tiene su belleza, su agonía. Tiene su éxtasis, su
agonía. Tiene su cielo y su infierno, porque ambos están allí. Los sueños son hermosos
unas veces y otros son pesadillas, pero en ambos casos son sueños.

Por eso os digo que no despertéis de vuestro sueño antes de que llegue el
momento. No; jamás hagáis nada antes de que llegue el momento. Dejad que las cosas
se desarrollen, que lleguen a su momento, para que todo ocurra de forma natural.
El ego desaparecerá. Puede disolverse por sí solo. Siempre y cuando dejéis que se
desarrolle y lo ayudéis a desarrollarse, no habrá necesidad de que vosotros os libréis de
él.

Se trata de algo muy profundo. Si renuncias a él, el ego sigue dentro de ti. ¿Quién
renunciará a él? Si piensas que tú renunciarás a él, tú eres el ego... de modo que
renuncies a lo que renuncies, no será lo real. Lo real continuará y tú te habrás librado
de otra cosa.

No puedes privarte del ego.
¿Quién lo hará? Es algo que ocurre, no algo que se hace. Te adentras en tu ego y
llega un momento en el que todo resulta tan terrible que el sueño se deshace. Y de
repente lo comprendes: el ganso está fuera, nunca ha estado dentro de la botella.
Nunca has sido un ego. Era simplemente un sueño que te rodeaba. Sí, un sueño
necesario, y no hay que condenarlo, porque necesariamente formaba parte del
desarrollo.

En la vida todo es necesario. Nada es innecesario, nada puede ser innecesario. Todo
cuanto ha ocurrido tenía que ocurrir. Todo cuanto está ocurriendo ocurre por ciertas
causas, muy profundas. Se necesita para mantener el engaño. Es como un capullo que
te ayuda, que te protege, que te ayuda a sobrevivir. No hace falta permanecer dentro
del capullo para siempre. Cuando estés preparado, rompe el capullo y sal.
El ego es como la cáscara del huevo y te protege, pero cuando estés preparado,
rómpela, sal del cascarón. El ego es el cascarón, pero espera. Precipitarse no te servirá
de mucha ayuda, no te servirán las prisas; quizá te entorpezcan. Deja pasar tiempo y no
lo condenes porque, ¿quién lo condenará?

Ve a ver a los llamados santos, que hablan de humildad y modestia, y mírales a
los ojos. No encontrarás un ego tan refinado en ninguna otra persona. Su ego ha
adoptado la vestimenta de la religión, el yoga, la santidad, pero allí sigue. Quizá no
estén acumulando riquezas, sino acumulando seguidores, porque la moneda ha
cambiado y cuentan con muchos seguidores...

Quizá no anden en pos de las cosas de este mundo, sino del otro mundo, pero al fin
y al cabo, los dos son mundos. Y pueden ser incluso más codiciosos, porque dicen que
las cosas temporales, las cosas momentáneas de este mundo son placeres fugaces... y
ellos desean los placeres eternos.

Tienen una codicia suprema. Los placeres momentáneos no los satisfacen. Ellos
desean los placeres eternos. A menos que algo sea eterno no se sienten complacidos.
Su codicia llega a lo más profundo, es absoluta, y la codicia es propia del ego.
La codicia es el hambre del ego. Por eso, a veces los santos son más egoístas que
los pecadores y están mucho más alejados de lo divino. Y a veces los pecadores pueden
llegar al dios más fácilmente que los llamados santos, porque el ego supone una barrera.
Según mi experiencia, los pecadores pueden librarse del ego más fácilmente que los
santos, porque los pecadores nunca han estado en contra del ego. Lo han alimentado,
han disfrutado de él, han vivido completamente con él, mientras que los santos siempre
han luchado contra él y nunca lo han dejado madurar.

De modo que mi actitud es la siguiente: hay que perder el ego, pero quizá haya
que esperar mucho, y solo se perderá si antes se cultiva. En eso reside la dificultad del
fenómeno, porque la mente dice: si tenemos que abandonarlo, ¿por qué cultivarlo? La
mente dice: si tenemos que destruirlo, ¿por qué crearlo?

Si haces caso a la mente tendrás problemas. Como la mente es siempre lógica y la
vida siempre ilógica, nunca coinciden. Se trata de simple lógica, de simples matemáticas,
que si vas a destruir una casa, ¿por qué construirla? ¿Por qué tomarse la molestia? ¿Por
qué tantos esfuerzos y pérdida de tiempo y energías? Si la casa aún no está ahí, ¿por
qué construirla para después destruirla? La cuestión no es la casa; la cuestión eres tú.

Al construir la casa, cambiarás, y al destruir la casa cambiarás por completo, no
serás el mismo... porque crear la casa, ese proceso, supondrá desarrollarte. Después,
cuando la casa está terminada, la derribas. Eso significará una transformación.
La mente es lógica y la vida dialéctica. La mente sigue una línea simple, y la
mente siempre salta de un extremo a otro, de una cosa a la opuesta.

Osho

No se puede tirar nada que no esté maduro. El fruto sin madurar se aferra al árbol y el árbol se aferra al fruto.

CUANDO BUDA DESCIENDE DE SU TRONO, SE HACE MENDIGO... 
¿QUÉ NECESIDAD TENÍA BUDA? Era un rey en su trono, en la cúspide de su ego... 
¿Por qué llegara tal extremo, a cambiar su palacio por las calles, a mendigar? Pero en el mendigar de Buda hay belleza. La tierra jamás ha conocido mendigo tan hermoso, mendigo tan rico, mendigo tan majestuoso, tal emperador. ¿Qué ocurrió cuando descendió de su trono?

Descendió de su ego. Los tronos no son sino símbolos, símbolos del ego, del
poder, el prestigio, la posición social. Descendió y sobrevino la ausencia de ego.
Esta ausencia de ego no es modestia, no es humildad. Encontrarás a muchas
personas humildes, pero bajo su humildad funciona un ego muy sutil.

SE CUENTA QUE DIÓGENES FUE UN DÍA A VER A SÓCRATES. Vivía como un
mendigo, llevaba la ropa sucia, llena de agujeros y remiendos. Incluso si le regalaban
ropa nueva no se la ponía; primero la ensuciaba y la rompía.

Fue a ver Sócrates y empezó a hablar sobre la ausencia de ego, pero con sus
penetrantes ojos, Sócrates debió de darse cuenta de que Diógenes no era un hombre
sin ego. Su forma de hablar sobre la humildad era muy egoísta. Por lo visto, Sócrates le
dijo: «A través de tu ropa sucia, a través de los agujeros de tu ropa no veo sino el ego.
Hablas de humildad, pero tus palabras proceden de un profundo centro del ego».

ASÍ OCURRE, ASÍ ES COMO SE DA LA HIPOCRESÍA. Tienes ego, y lo escondes con
lo contrario, haciéndote humilde superficialmente. Esa humildad superficial no puede
engañar a nadie. Quizá te engañe a ti, pero a nadie más. El ego no para de asomarse
por los agujeros de la ropa asquerosa que llevas. Siempre está presente. Esto no es
sino engañarte a ti mismo; no vas a engañar a nadie más.
Eso es lo que ocurre si empiezas a desprenderte del ego inmaduro.

Mis enseñanzas parecerán contradictorias, pero son reales como la vida misma. La
contradicción es algo inherente a la vida.
Os enseño a que seáis egoístas para que podáis desprenderos del ego.
Os enseño a que seáis absolutamente egoístas. No lo ocultéis, porque si no, nacerá
la hipocresía. Y no luchéis contra el fenómeno inmaduro. Dejadlo madurar, y ayudadlo a
madurar. Llevadlo al punto culminante. No tengáis miedo; no hay nada que temer. Así
llegaréis a comprender la agonía del ego.

Cuando llegue al punto culminante, no necesitaréis ningún Buda, ni a mí, para que
os diga que el ego es el infierno. Lo sabréis, porque el culmen del ego será el culmen de
vuestras experiencias infernales, será una pesadilla, y entonces no hará falta que nadie
os diga: «Abandónalo. Te resultará difícil mantenerlo».

El conocimiento se alcanza únicamente mediante el sufrimiento.
No se puede prescindir de nada mediante argumentaciones lógicas. Se prescinde
de algo solo cuando llega a ser tan doloroso que no se puede continuar con ello.
Tu ego aún no te resulta tan doloroso, y por eso puedes sobrellevarlo. Es natural.
Yo no puedo convencerte para que lo abandones, e incluso si te convenciera, lo
esconderías... eso es todo.
No se puede tirar nada que no esté maduro. El fruto sin madurar se aferra al árbol
y el árbol se aferra al fruto. Si los obligas a separarse, se formará una herida, y la
cicatriz permanecerá. La herida continuará como si fuera reciente y tú siempre sentirás
dolor. Recuerda que todo tiene su momento, su tiempo para crecer, para madurar, para
caer a la tierra y disolverse. También el ego tiene su momento, tiene que llegar a la
madurez.

De modo que no tengáis miedo de ser egoístas. Lo sois, porque de otro modo hace
tiempo que habríais desaparecido.

Tal es el mecanismo de la vida: tenéis que ser egoístas, tenéis que luchar para
abriros camino, tenéis que luchar contra los millones de deseos que os rodean, tenéis
que debatiros, tenéis que sobrevivir.
El ego es una medida de supervivencia.
Si un niño nace sin ego, morirá. No sobrevivirá; es imposible, porque si tiene
hambre no lo notará: «Yo tengo hambre». Notará que hay hambre, pero no la
relacionará consigo mismo. En el momento que se siente hambre el niño siente que es
él quien tiene hambre y se pone a llorar para que le den de comer. El niño crece
mediante el crecimiento de su ego.

Por eso, para mí el ego forma parte del proceso de desarrollo natural.
PERO ESO NO SIGNIFICA QUE TENGAS QUE MANTENERLO PARA SIEMPRE. ES un
proceso de desarrollo natural, y para abandonarlo hay que dar un segundo paso, que
también es algo natural, pero solo se puede dar el segundo paso cuando el primero ha
llegado al punto culminante, al máximo, cuando el primero ha llegado a la culminación.

Por eso yo enseño las dos cosas: la presencia del ego y la ausencia del ego. En
primer lugar, sé egoísta, completamente egoísta, como si la existencia entera solo
existiera para ti y tú fueras su centro, como si todas las estrellas girasen a tu alrededor,
como si el sol solo saliera para ti. Todo existe para ti, para ayudarte a ti. Sé el centro, y
no tengas miedo, porque si tienes miedo nunca madurarás.

¡Acéptalo! Forma parte de tu desarrollo. Disfrútalo y llévalo al culmen. Cuando
llegue al culmen, de repente te darás cuenta de que tú no eres el centro, que ha sido
una tontería, una actitud infantil. Pero como eras aún un niño, no pasa nada.
Ahora has madurado y sabes que no eres el centro. Cuando comprendes que no
eres el centro también comprendes que no hay un centro en la existencia o que el
centro está en todas partes. O no hay centro y la existencia existe como totalidad,
como integridad sin centro como punto de control, o cada átomo constituye un centro.

Osho

Antes de perder el ego, tienes que alcanzarlo. Solo el fruto maduro cae al suelo.

Pienso que al desarrollar una actitud de entereza ante las dificultades he llegado a
resignarme a gran parte de la vida. Tengo la sensación de que esa resignación es como
un peso que se opone a mis esfuerzos para vivir más la meditación. ¿Significa esto que
he suprimido mi ego y que debo encontrarlo otra vez antes de perderlo realmente?

Osho respuesta... 

ESTE ES UNO DE LOS MAYORES PROBLEMAS... parecerá una paradoja, pero es
verdad. Antes de perder el ego, tienes que alcanzarlo. Solo el fruto maduro cae al 
suelo. La madurez lo es todo.

No se puede arrojar por la borda un ego inmaduro, no se puede destruir. Y si
luchas con un ego inmaduro para destruirlo y disolverlo, tus esfuerzos serán vanos. En
lugar de destruirlo, lo encontrarás más reforzado, de una forma nueva, más sutil.
Es algo fundamental, que hay que comprender: el ego debe llegar a la cima, debe
ser fuerte, tiene que alcanzar la integridad, y solo entonces se puede disolver.
No se puede disolver un ego débil, y eso se convierte en un problema.

En Oriente todas las religiones predican la ausencia de ego, de modo que, en
Oriente, todo el mundo está en contra del ego desde el principio. Debido a esta actitud,
el ego nunca se fortalece, nunca llega al punto de integración a partir del cual puede
desaparecer. Nunca llega a madurar. Por eso resulta muy difícil disolver el ego en
Oriente, casi imposible.

En Occidente, la tradición occidental, religiosa y psicológica, propone, predica y
convence a la gente de que tenga un ego fuerte... porque a menos que tengas un ego
fuerte, ¿cómo vas a sobrevivir? La vida es una lucha; si no tienes ego, te destruirán. Así
¿cómo resistirse? ¿Quién va a luchar? ¿Quién va a competir? Y la vida es una continua
competición.

La psicología occidental dice que hay que alcanzar el ego, afianzarlo, pero en
Occidente resulta muy fácil disolver el ego, de modo que cuando alguien que va en su
busca llega a comprender que el problema radica en el ego puede disolverlo fácilmente,
con más facilidad que en Oriente.

En eso consiste la paradoja: que en Occidente se enseña el ego y en Oriente se
enseña la ausencia de ego; pero en Occidente resulta fácil disolverlo, y en Oriente
resulta muy difícil.

Te enfrentas a una ardua tarea, en primer lugar alcanzar el ego y después
perderlo, porque solo se puede perder algo que se posee. Si no lo posees, ¿cómo vas a
perderlo? Si no eres rico tu pobreza no puede tener la belleza que predica Jesucristo, ser
pobre de espíritu. Tu pobreza no puede tener la misma importancia que cuando Buda
Gautama se hace mendigo.

Solo el rico puede hacerse pobre, porque únicamente se puede perder lo que se
tiene. Si nunca has sido rico, ¿cómo vas a ser pobre? Tu pobreza será superficial; nunca
llegará al espíritu. Serás pobre en la superficie, y en el fondo ansiarás riquezas. Tu
espíritu ansiará las riquezas, tendrás ambición, un deseo constante de obtener riquezas.

Solamente serás pobre en la superficie, e incluso te consolarás diciéndote que la pobreza
es buena, pero no puedes ser pobre, porque solo una persona rica, realmente rica,
puede ser pobre. El simple hecho de poseer riquezas no significa ser realmente rico.
Puedes seguir siendo pobre. Si sigue existiendo la ambición, eres pobre. Lo que importa no
es lo que tienes. Si tienes suficiente desaparece el deseo. Cuando tienes suficientes
riquezas, desaparece el deseo.

La desaparición del deseo marca el criterio de lo suficiente. Entonces eres rico;
puedes abandonarlo, puedes hacerte pobre, puedes hacerte mendigo como Buda, y
entonces tu pobreza es rica, entonces tu pobreza tiene su propio reino.

Y lo mismo ocurre con todo. Los Upanishads, Lao Tzu, Jesucristo o Buda... todos
enseñan que el conocimiento es inútil. Limitarse a adquirir conocimientos no resulta de
mucha ayuda. No solo no resulta de mucha ayuda, sino que puede convertirse en una
barrera. No se necesita el conocimiento, pero eso no significa que debas ser ignorante.

Tu ignorancia no será real.
Cuando has acumulado suficientes conocimientos y los abandonas, llegas a la
ignorancia. Entonces te haces realmente ignorante, como Sócrates, que decía: «Solo sé
que no sé nada». Este conocimiento, o esta ignorancia —podemos llamarlo como nos
plazca— es completamente distinto, tiene una cualidad distinta, ha cambiado de
dimensión. Si eres ignorante sencillamente por no haber reunido conocimiento, tu
ignorancia no puede ser sabia, no puede ser sabiduría, sino simple ausencia de
conocimiento. Y el ansia continuará dentro: ¿cómo obtener más conocimientos? ¿Cómo
obtener más información?

Cuando tienes demasiados conocimientos —has conocido las escrituras, has
conocido el pasado, la tradición, has conocido todo lo que se puede conocer—, de
repente te das cuenta de la inutilidad de todo, de repente te das cuenta de que eso no
es conocimiento, sino algo prestado. No es tu propia experiencia existencial, no es lo
que has llegado a saber. Quizá otros sí lo hayan sabido, pero tú simplemente lo has
reunido, de una forma mecánica. No ha surgido de ti, no es algo que haya crecido. Es
basura recogida de otras cosas, prestada, muerta.

Recuerda que el conocimiento solo está vivo cuando tú conoces, cuando es tu
experiencia inmediata, directa, pero cuando tu conocimiento proviene de otros, es
simple memoria, no conocimiento. La memoria está muerta. Cuando reúnes gran
cantidad —las riquezas del conocimiento, las escrituras, todo lo que te rodea, las
bibliotecas condensadas en tu mente, y de repente te das cuenta de que simplemente
llevas la carga de otros, de que no te pertenece nada, de que no has conocido—, entonces
puedes abandonarlo, puedes abandonar todo ese conocimiento.

Al abandonarlo surge un nuevo tipo de ignorancia. No se trata de la ignorancia del
ignorante, sino de la sabiduría del sabio.

Solamente el sabio puede decir: «No sé», pero al decir «No sé» no siente ansias de
conocimiento. Está constatando un hecho. Y cuando puedes decir de corazón «No sé»,
en ese mismo momento se te abren los ojos, se abren las puertas del conocimiento. En
ese mismo momento es cuando puedes decir con toda sinceridad «No sé», cuando eres
capaz de adquirir conocimiento.

Esta ignorancia es muy hermosa, pero se obtiene mediante el conocimiento. Es la
pobreza a la que se llega mediante la riqueza.

Y lo mismo ocurre con el ego: solo puedes perderlo si lo tienes.

Osho

miércoles, 8 de enero de 2014

El mandamiento más básico y fundamental es amarse a uno mismo

¡Yo sí tengo algo que decir! Lloré mucho. Al principio rechacé que el pasado todavía formara parte de mí, después me dí cuenta de que seguía formando parte y empecé a sentirme mejor. Me ha dado un montón de energía, tanta que no sé qué hacer con ella.



Respuesta de Osho:
     "Se desperdicia mucha energía luchando con uno mismo, al rechazarse y condenarse a uno mismo. Se desperdicia mucha energía. Si comienzas a aceptarte a ti mismo, te convertirás en una reserva de energía, porque cuando cesa el conflicto no hay guerra civil, eres un todo. Se ahorra mucha energía, y esa energía desbordante es la creatividad. El hombre que está en conflicto consigo mismo nunca puede ser creativo. Es destructivo, se destruye a sí mismo y, al hacerlo, también destruye a los demás. Todas sus relaciones estarán envenenadas.

     El mandamiento más básico y fundamental es amarse a uno mismo. Yo no digo sólo aceptarse, porque esa palabra no es suficiente, puede que aceptes pero que no ames. Puede que aceptes, ya que, ¡qué le vas a hacer!, no puedes hacer nada, pero eso no es aceptación. A menos que te aceptes a ti mismo como una bendición, a menos que te aceptes y te recibas a ti mismo, a menos que te aceptes a ti mismo con profunda gratitud, a menos que te ames a ti mismo, nunca rebosarás energía. Si lo haces, la energía podrá fluir a través del canto, la danza, la pintura, hay mil formas de creatividad, o podrá limitarse a fluir en un profundo silencio. Y todo aquel que entre en contacto con ese profundo silencio quedará transformado y oirá por primera vez una música celestial. De modo que no sólo acéptate, sino que hazlo con gran gratitud. Agradece a Dios que te haya creado a ti y no a otra persona.
     Cada persona tiene una función única que cumplir, por eso existe. Y cuando digo cada persona, quiero decir cada persona. Tan necesario es Judas como Jesús. Sin Judas, Jesús sería más pobre, le faltaría algo a la historia. De modo que Jesús también tiene que estar agradecido con Judas. No sólo acéptate a ti mismo, sino que acepta a todos los demás tal como son. Dios sabe lo que hace.
     Hay una historia acerca de Bayazid, un místico sufí.  Iba con sus discípulos por un camino y a un lado vio una piedra roja preciosa. La cogió, la contempló durante unos instantes, y luego la volvió a poner donde estaba. Los discípulos le preguntaron: "¿Qué haces? Has cogido la piedra y luego la has vuelto a colocar en su sitio".
     Él contestó: "Dios debe tener reservada para ella alguna función, por eso está ahí. ¿Quién soy yo para cambiarla, para cambiar su lugar? Iba a cometer un pecado. La belleza de la piedra me tentó, pero me acordé de Dios justo a tiempo. Tiene que estar ahí, debe hacer falta que esté ahí".
     Cuando te aceptas a ti mismo, de repente, aceptas a todos los demás. La persona que se rechaza a sí misma no puede aceptar a Dios. ¿Cómo vas a aceptar a Dios, que es el que te ha hecho? En cuanto te aceptas a ti mismo, aceptas todo. Entonces, todo es como debería ser. No hay diferencia entre debería ser y es. Entonces, el debería es es. Y, de repente, surge la celebración. De modo que, acéptala. ¡Ahora, toca la flauta!".

Osho, Cara a cara con Osho. El martillo en la roca