miércoles, 20 de noviembre de 2013

El ojo con prejuicios es ciego, el corazón lleno de conclusiones está muerto.

Ejercítate imparcialmente en todas las áreas; es importante haberse ejercitado con gran intensidad en todos los aspectos de todas las cosas

Lo primero es imparcialidad: uno no debe tener prejuicios; y todo el mundo los tiene. Y el no tener prejuicios es un requerimiento básico para llegar a tener una visión más grande.

Para salir de las prisiones, lo primero es dejar los prejuicios... prejuicios que se llaman hinduismo, prejuicios que se llaman islamismo, prejuicios que se llaman cristianismo. Uno tiene que dejar todos los prejuicios. ¿Cómo vas a saber jamás qué es la Verdad si ya has decidido lo que es?

Si operas desde una conclusión, nunca llegarás a la Verdad. ¡Nunca! Es imposible.

No empieces aceptando a priori que algo sea verdad, no empieces con una creencia. Sólo así emprenderás una búsqueda sincera. Pero todo el mundo empieza con una creencia... unos creen en la Biblia, otros en el Corán; unos creen en el Gita, otros en el Dhammapada. Y todos empiezan con la creencia.

Creencia significa que no sabes, pero no obstante, aceptas algo como verdad. Ahora tu único esfuerzo será demostrar que ese algo es verdad. Eso se convertirá en tu manía personal. Toda creencia se convierte en manía personal. Tienes que demostrar que aquello en lo que crees es verdad. Si no lo es, vives en el error; si lo es, estás en el buen camino.

Y todo el mundo es un cúmulo de creencias y nada más.

Recuerda, todas las creencias son estúpidas. No estoy diciendo que esas creencias sean básicamente falsas; puede que no lo sean, puede que lo sean, pero creer es estúpido. Saber es inteligente. Quizá cuando llegues a saber, descubras que se trata de lo mismo que te habían dicho que creyeras; pero aun así, creer en ello es incorrecto, y saberlo es correcto. Porque una vez que crees en algo que no sabes, ya has empezado a acumular cierta oscuridad a tu alrededor que no te ayudará a saber, a ver. Ya has empezado a convertirte en alguien «bien informado». Y el saber no les sucede a aquellos que están «bien informados», sino a los inocentes. El saber sucede en aquellos ojos que están absolutamente limpios del polvo de la erudición.

Lo primero es, dice Atisha: sé imparcial, empieza sin ninguna conclusión, empieza sin ninguna creencia a priori. Empieza existencialmente, no intelectualmente; estas dos dimensiones son totalmente diferentes, no sólo diferentes, sino diametralmente opuestas.

Alguien puede empezar su camino en el amor estudiando sobre ello, yendo a la biblioteca, consultando la Enciclopedia Británica para aprender qué es el amor. Esta es una búsqueda intelectual.

Esa persona quizá reúna mucha información, quizá escriba un tratado, y quizá alguna universidad insensata le dé el título de doctor en Filosofía; pero ese doctor no sabrá nada del amor. Todo lo que escriba será intelectual, no vendrá de la experiencia. Y si no viene de la experiencia, no es verdadero.

La Verdad es una experiencia, no una creencia. A la Verdad nunca se la encuentra estudiándola: a la Verdad hay que confrontarla, a la verdad hay que encararla. La persona que estudia el amor es lo mismo que la persona que estudia el Himalaya mirando los mapas de las montañas. ¡El mapa no es la montaña! Si te obsesionas demasiado con el mapa, puede que la montaña esté justo enfrente de ti y que no seas capaz de verla.

Y así es en realidad. La montaña está enfrente de ti; pero tus ojos están llenos de mapas... mapas de la misma montaña, mapas acerca de la misma montaña, trazados por diferentes exploradores. Unos han escalado la montaña por la cara norte, otros por la cara este. Han trazado mapas diferentes: El Corán, la Biblia, el Gita... Mapas diferentes de la misma verdad. Pero tú estás demasiado lleno de mapas, demasiado cargado con su peso; no puedes avanzar ni una sola pulgada. No puedes ver la montaña que se eleva justo enfrente de ti, no puedes ver sus nevadas cimas virginales, su relucir dorado al sol de la mañana... No tienes los ojos para verlo.

El ojo con prejuicios es ciego, el corazón lleno de conclusiones está muerto.

Demasiadas conclusiones a priori hacen que tu inteligencia pierda su agudeza, su belleza, su intensidad. Tu inteligencia se embota. Y a la inteligencia embotada se le llama intelecto.

La denominada intelligentsia no es realmente inteligente, es tan sólo intelectual. El intelecto es un cadáver. Puedes decorarlo. Puedes adornarlo con maravillosas perlas, con diamantes, con esmeraldas; pero aun así, un cadáver es un cadáver.

El estar vivo es una cuestión totalmente diferente. La inteligencia es la cualidad de estar vivo; la inteligencia es espontaneidad, es permanecer abierto, es vulnerabilidad, es imparcialidad, es la valentía de operar sin conclusiones. Y ¿por qué digo que es valentía? ¡Porque es valentía!, porque cuando operas basándote en conclusiones, la conclusión te protege, la conclusión te ofrece seguridad, garantía. Tú la conoces bien, sabes cómo llegar a ella, eres muy eficiente con ella. El operar sin conclusiones es operar con inocencia. Ahí no hay seguridad, te puedes equivocar, te puedes extraviar.

El que esté dispuesto a emprender la exploración llamada Verdad tiene también que estar preparado para cometer muchos errores, muchos fallos; tiene que ser capaz de arriesgar. Uno puede perderse; pero así es como se llega. Perdiéndose muchas veces, uno aprende a cómo no extraviarse. Cometiendo muchos errores, uno llega a saber lo que es un error y cómo no cometerlo. Sabiendo lo que es un error uno se acerca más y más a lo que es la Verdad. Se trata de una exploración individual; no puedes partir de las conclusiones de los demás.


Osho

martes, 19 de noviembre de 2013

¿Es real el Infierno? ¿Existe de verdad el Infierno?

En una ocasión vino a verme un monje jainista. Y me preguntó:
¿Es real el Infierno? ¿Existe de verdad el Infierno? En lugar de responderle, le pregunté:
—¿Y dónde crees tú que estás viviendo?

El hombre vive en el Infierno, porque el hombre está al revés. No necesitas ir a ningún estúpido profesor de yoga para aprender la postura cabeza abajo, porque ya la estás practicando. Todo está trastornado. Te han estado aturdiendo durante siglos; y en tu interior, en lugar de crearse un cosmos, se ha creado un caos. Eres una especie de locura. Todo lo que piensas que es normal no es normal en absoluto. Te parece normal porque has estado viviendo con gente desde tu niñez, y has comenzado a pensar que ésa es la única gente que existe, y que por consiguiente, debe ser gente normal.

Es como si alguien hubiera nacido en un manicomio y desde el principio sólo hubiera conocido a gente loca. Pensará que se trata de gente normal. De hecho, si alguna vez se encuentra a una persona que esté en su sano juicio se quedará perplejo, no podrá dar crédito a sus ojos. Pensará que esa persona se ha vuelto loca.

El hombre es un caos. Deja que esta idea penetre profundamente en tu corazón, porque sólo entonces surge el deseo de crear un cosmos a partir de ese caos.

En el momento en que te das cuenta de que estás cabeza abajo, sucede algo muy importante. Ahora ya no puedes seguir cabeza abajo: tienes que hacer algo, es inevitable. Tienes que actuar. Y ese mismo actuar se convierte en Religión.

La Religión está en contra de la sociedad, porque la sociedad se nutre de la llamada «locura normal» de la gente. La sociedad quiere que sus miembros sean anormales, sólo así pueden ser explotados, sólo así pueden ser reducidos a máquinas, sólo así pueden ser convertidos en esclavos... y lo son de buena gana, sin provocar ninguna revuelta.

Durante miles de años el hombre ha vivido preso. A esas prisiones les han puesto bellos nombres; les llaman iglesias, religiones, ideologías. Hay quien vive en la prisión católica y hay quien vive en la comunista; y todos alardean de que su prisión es mucho mejor.

Cualquiera que viva de acuerdo a una ideología es un prisionero porque toda ideología hace que tu conciencia sea más estrecha, toda ideología se convierte en cadenas para tu ser.

El que pertenece a un grupo —porque tiene miedo, porque ha recibido un condicionamiento, porque ha entrado en una especie de hipnosis— no es un hombre de verdad, no ha nacido todavía.

La oportunidad le ha sido dada, pero la está desperdiciando.

Te han enseñado valores que no son valores de verdad; te han enseñado cosas que básicamente son venenos. Por ejemplo, te han enseñado a no amarte a ti mismo. Y te lo han repetido tantas veces, que la cuestión parece ser un simple hecho, una verdad. Pero un hombre que es incapaz de amarse a sí mismo será incapaz de amar a ningún otro. El hombre que no puede amarse a sí mismo no puede amar en absoluto.

Te han enseñado a ser altruista y a nunca ser egoísta. Y la cosa aparenta ser muy hermosa, pero sólo lo aparenta. En realidad, esa enseñanza está destrozando tus raíces.

Sólo una persona verdaderamente egoísta puede ser altruista; uno que no está enraizado en sí mismo, que no es egoísta, tampoco tiene interés en ningún otro. Si no puede quererse a sí mismo, ¿cómo va a querer a otro?

Una persona así es un suicida; naturalmente, se convertirá en homicida.


Tu sociedad entera, hasta ahora, ha sido una sociedad de asesinos. Unos cuantos cometen suicidio, se hacen santos; algunos más se dedican a cometer asesinatos, llegan a ser grandes políticos, grandes líderes: Genghis Khan, Hadir Shah, Tamerlán, Alejandro Magno, Napoleón, Adolf Hitler, Stalin, Mao. Pero los dos tipos de personas son neuróticos, los dos están enfermos.

Osho

La Verdad nunca es a tu medida

La Verdad. El mundo está en contra de la Verdad, el mundo vive de mentiras. Las mentiras son muy cómodas, muy seguras, acogedoras. Y puedes crear mentiras a tu medida, de acuerdo a tus necesidades.

La Verdad nunca es a tu medida; tú tienes que hacerte a la medida de la Verdad, y eso es difícil. Mucha masa compacta de tu ser habrá que cortar para que encajes en la Verdad.

Tendrás que dejar tu ego para poder entrar en el templo de la Verdad.

Las mentiras son maravillosamente hermosas, no cuestan mucho, las hay por todas partes. Puedes ir de compras y adquirir montones de mentiras, tantas como quieras. Y lo mejor es que ellas se ajustan a ti, nunca requieren que tú te ajustes a ellas. Son muy amables, no requieren nada de tu parte; no te exigen, no te obligan a comprometerte. Están listas para servirte.


La Verdad no puede servirte, tú tendrás que servir a la Verdad.

Osho

¿cómo vas reconocer a un buda?

Los budas son irreconocibles, porque tu vida no posee la experiencia que se necesita para reconocer a un buda. La persona sexual puede reconocer lo sexual, la persona interesada en el dinero puede reconocer a aquel que tiene ese interés, pero ¿cómo vas reconocer a un buda? No tienes experiencia alguna de la conciencia. En el buda sólo verás tu propia mente reflejada. Es natural. El buda no hace concesiones; eso crea problemas. El buda no puede hacer concesiones. La Verdad no puede transigir con ninguna mentira... ¡Mentiras de conveniencia!

El buda no parece ser muy sociable y algunas veces parece ser antisocial. El buda nunca satisface las esperanzas de las multitudes. No puede. No está aquí para seguirte a ti. Sólo hay una manera: si quieres estar con él, puedes seguirle; si no, ¡fuera!

El buda no puede satisfacer tus esperanzas. Tus esperanzas son necias, tus esperanzas son tus esperanzas: nacidas de la falta de conciencia y la ceguera. ¿Qué valor pueden tener? El buda es siempre rebelde, antitradicionalista, inconformista. Eso crea problemas. El buda no pertenece al pasado; de hecho, el futuro le pertenece a él. El buda siempre se adelanta a su tiempo, el buda es un nuevo nacimiento de Dios.


Todo esto es suficiente para que una sociedad de ciegos, locos, hambrientos de poder, ambiciosos egoístas, todo tipo de neuróticos, psicópatas... Todo esto es suficiente para que esa multitud se agrupe y destruya cualquier posibilidad de que un buda exista.

Osho

encuentra tiempo y lugar para mantenerte desocupado

El mundo está completamente dormido y la gente está disfrutando sus sueños. Está decorando sus sueños, está haciendo que sus sueños tengan más y más colorido, está haciendo que sus sueños sean psicodélicos. Entonces viene un hombre que empieza a gritar desde los tejados: «Despertad», y los dormidos se sienten ofendidos. No quieren despertar, porque saben que cuando el sueño desaparece se quedan solos con su miseria y su sufrimiento. Todavía no son conscientes de que, escondida en su miseria, hay una fuente de alegría; una fuente que se puede hallar. Siempre que les ha sucedido algo parecido a un despertar se han encontrado con la más absoluta de las miserias. Así que quieren permanecer metidos hasta el cuello en algo; lo que sea. Quieren permanecer ocupados.

La enseñanza de los budas es: encuentra tiempo y lugar para mantenerte desocupado. Eso es la meditación.


Encuentra al menos una hora cada día para sentarte en silencio y no hacer nada. Completamente desocupado, tan sólo mirando lo que pasa por tu interior. Al principio, mirando las cosas que hay dentro de ti, te pondrás muy triste; sentirás sólo oscuridad y nada más... y aparecerán cosas desagradables y todo tipo de agujeros negros. Sentirás angustia. Ningún tipo de éxtasis en absoluto. Pero si persistes, si perseveras, el día llega en que todas esas angustias desaparecen y debajo de la angustia encuentras el éxtasis.

Osho

Supera las tres dificultades


Hay tres dificultadas en hacerse consciente. Entenderlas es esencial para todo el que busca. De hecho, todo el mundo se hace consciente, pero sólo cuando el acto ha terminado. Te enojaste, le diste una bofetada a tu mujer o le tiraste una almohada a tu marido. Después, cuando el acaloramiento ha pasado, cuando el momento ha pasado, te vuelves consciente. Pero ahora ya no tiene sentido, ahora ya no se puede hacer nada. Lo que se ha hecho ya no se puede deshacer, ahora es demasiado tarde.

Tres cosas hay que recordar, dice Atisha. Una es: hacerse consciente cuando el acto está sucediendo. Esa es la primera dificultad para la persona que quiere hacerse consciente: tomar conciencia en el acto mismo.

La ira se encuentra ahí, como humo dentro de ti. El hacerse consciente en su espesura es la primera dificultad, pero no es imposible. Sólo un poco de esfuerzo y lo lograrás.

Al principio, comprobarás: te haces consciente cuando la ira se ha ido y todo se ha calmado, te vuelves consciente a los quince minutos.

Sigue intentando... Te harás consciente a los cinco minutos. Sigue intentando... Y te harás consciente justo cuando la ira se está evaporando. Inténtalo un poco más... Y te harás consciente exactamente en la mitad del suceso. Y ése es el primer paso: sé consciente en el acto.

A continuación, el segundo paso, que es incluso más difícil, porque ahora te metes en aguas más profundas... el segundo paso, o la segunda dificultad, es lo que Atisha llama: recordar antes del acto. Cuando el acto todavía no ha sucedido pero es ya un pensamiento en tu interior; el acto todavía no se ha llevado a cabo, pero ya se ha convertido en un pensamiento en tu mente. Está ahí, potencialmente, como una semilla; se puede convertir en acto en cualquier momento.

Ahora vas a necesitar una conciencia un poco más sutil. El acto es una cosa tosca: golpeaste a la mujer. Puedes hacerte consciente cuando estás golpeando; pero la idea de golpear es mucho más sutil. Miles de ideas pasan continuamente por la mente, ¿quién les presta atención? Las ideas siguen y siguen, el tráfico continúa. Pero la mayoría de esas ideas nunca llegan a ser actos.

Esta es la diferencia entre el pecado y el crimen. Crimen es cuando algo se convierte en acto. Ningún tribunal puede castigarte por un pensamiento. Puedes pensar en asesinar a alguien pero ninguna ley te puede castigar por ello. Puedes disfrutar, puedes soñar; pero sólo estás bajo ley cuando actúas, cuando haces algo y el pensamiento se transforma en acto; entonces ese acto se convierte en crimen.

Pero la Religión profundiza más. La Religión dice que una vez que piensas algo malo, ya es pecado. El que lo lleves a la práctica o no, no importa. Tú ya lo has llevado a cabo en tu fuero interno, y eso te afecta, eso te contamina, eso te mancilla.

La segunda dificultad, dice Atisha, es atrapar al pensamiento cuando está surgiendo en ti. Esto puede hacerse, y sólo puede hacerse cuando has cruzado la primera barrera, porque el pensamiento no es muy sólido. Pero aun así, es lo suficientemente sólido como para que lo veas; sólo tienes que practicar un poco. Sentado, en silencio, simplemente observa tus pensamientos. Mira todos los matices del pensamiento: cómo surge, cómo toma forma, cómo permanece, cómo se anida y cómo te abandona después.

El pensamiento se convierte en huésped, y después, llegado el momento, te abandona. Y muchos pensamientos vienen y van; tú eres el posadero en un lugar donde muchos pensamientos vienen y van. Observa nada más.

Al principio mismo no lo intentes con pensamientos difíciles, inténtalo con pensamientos simples. Eso lo hará más sencillo; porque el proceso es el mismo. Siéntate en el jardín, cierra los ojos y ve todo pensamiento que pase. Y los pensamientos siempre están pasando.

Un perro ladra en la vecindad, e inmediatamente un proceso de pensamientos sucede en tu interior. De repente, recuerdas un perro que tuviste cuando eras pequeño y ¡cuánto quisiste a aquel perro!, y después el perro murió, y ¡cuánto sufriste!

Entonces llega la idea de la muerte y olvidas al perro, pero recuerdas la muerte de tu madre. Y con la idea de la madre, de repente, recuerdas a tu padre. Y las cosas siguen y siguen.

Y todo el proceso lo desencadenó un perro estúpido que ni siquiera sabe que tú estás sentado en el jardín, que sencillamente ladra, porque no sabe qué otra cosa hacer para mantenerse ocupado. Su ladrar es una forma de hacer política: su política, su política de fuerza.

Por eso los perros están muy en contra de los uniformes. Un policía, un cartero, un sannyasin... Y el perro se pone muy furioso. Los perros no toleran los uniformes. ¿Cómo te atreves a andar con uniforme? ¿Estás intentando dominarlos? Los perros se ponen muy furiosos con los policías y la gente por el estilo.

El perro no sabía nada de ti, no te ha ladrado especialmente a ti; pero una cadena se ha disparado. Observa estas cadenas simples y después, poco a poco, inténtalo con cosas más conectadas con las emociones.

Estás enojado, sientes avaricia, sientes celos... Atrápate en el medio del pensamiento. Esa es la segunda dificultad.

Y la tercera dificultad es atrapar el proceso que finalmente trae como resultado el acto antes de que se convierta en pensamiento. Esto es lo más difícil; ahora mismo ni siquiera puedes concebirlo.

Antes de que algo se convierta en pensamiento es un sentimiento. Estas son las tres cosas: el sentimiento viene primero, después viene el pensamiento y después viene el acto.

Quizá no seas consciente de que todo pensamiento es producido por un cierto sentimiento. Si no hay sentimiento, el pensamiento no aparece. El sentimiento toma cuerpo en pensamiento, el pensamiento toma cuerpo en acto.

Ahora tienes que hacer casi lo imposible: atrapar a un cierto sentimiento. ¿No lo has observado algunas veces? No sabes por qué te sientes molesto, no hay realmente ningún pensamiento que lo cause, pero te sientes molesto. Algo se está preparando de manera subterránea, algún sentimiento está ganando fuerza.

A veces te sientes triste. No hay razón para que te sientas así, y tampoco hay pensamiento que lo provoque; aun así, la tristeza está ahí, como una sensación generalizada. Eso significa que un sentimiento está tratando de emerger a la superficie, la semilla del sentimiento está enviando sus hojas desde el suelo.

Si eres capaz de hacerte consciente del pensamiento, entonces, tarde o temprano, serás consciente de los sutiles matices del sentimiento. Estas son las tres dificultades.
Atisha dice:

Supera las tres dificultades

Y si puedes hacer estas tres cosas, de repente entrarás en el núcleo más profundo de tu ser.

La acción es lo más lejano del ser, después viene el pensamiento, después viene el sentimiento. Y en el sentimiento, escondido en el sentimiento, está tu ser. Ese ser es universal. Ese ser es la meta de todos los meditadores, la meta de todos aquellos que rezan. A ese ser puedes llamarle Dios, atman, yo, no-yo; llámalo como quieras, pero ésa es la meta. Y hay que pasar estas tres barreras. Estas tres barreras son como tres círculos concéntricos alrededor del centro de tu ser.



Osho

Observa dos preceptos, incluso si con ello arriesgas la vida


Estos dos preceptos de la conciencia y la compasión son tan valiosos, que incluso si en alguna ocasión tienes que sacrificar tu vida por ellos merece la pena. La vida no es sino una oportunidad para lograr la conciencia y la compasión. Si no alcanzas la conciencia y la compasión, ¿para qué seguir viviendo? No tiene sentido.

Tan sólo medita sobre ello. Si uno está tan decidido, tan determinado, tan profundamente comprometido a ser consciente y compasivo, que está dispuesto a sacrificar su vida, ¿permanecerá mucho tiempo inconsciente? ¡Imposible! En este mismo momento, si existe esa intensidad, la conciencia surgirá; surgirá de esa intensidad. Esa intensidad estallará en una luz interna; y de esa luz, el resplandor de la compasión.

La vida en sí misma no tiene sentido. Sólo tiene sentido si puedes cantar la canción de lo eterno, si puedes liberar algo de la fragancia divina, de la fragancia de Dios; si puedes convertirte en una flor de loto que no conoce la muerte ni el tiempo. Si puedes convertirte en puro amor, si puedes embellecer esta existencia, si puedes llegar a ser una bendición para esta existencia; sólo entonces es significativa la vida. De lo contrario, no tiene sentido. Es como un lienzo en blanco. Puedes acarrearlo toda la vida y puedes morir aplastado por su peso, pero ¿qué sentido tiene? ¡Pinta algo en él! El sentido de la vida hay que crearlo; el sentido no viene dado. Se te entrega la libertad, se te entrega la creatividad, se te entrega la vida. Se te entrega todo lo que se necesita para darle sentido. Se te entregan todos los ingredientes esenciales para darle sentido; pero el sentido no se te da, el sentido tienes que crearlo tú. Tienes que convertirte en un creador por derecho propio.


Y cuando te conviertes en un creador por derecho propio, puedes participar en Dios, te conviertes en parte de Dios.

Osho

lunes, 18 de noviembre de 2013

¿Triunfa siempre una persona que vive mediante la intuición?

"No, pero siempre es feliz, triunfe o no. Y una persona que no vive intuitivamente siempre es desdichada, triunfe o no. El éxito no es el criterio, porque el éxito depende de muchas cosas. La felicidad es el criterio, porque la felicidad sólo depende de ti. Puede que no triunfes, porque hay otros competidores. Incluso si estás trabajando intuitivamente, puede que otros estén trabajando más astutamente, más sagazmente, más calculadoramente, más violentamente, más inmoralmente. De modo que el éxito depende de muchas otras cosas; el éxito es un fenómeno social. Puede que no triunfes...

     Así que lo primero es que no digo que, si sigues al guía interno, triunfarás siempre, en el sentido en que el mundo reconoce el éxito; pero en el sentido en que un Buda o un Jesús reconoce el éxito, sí triunfarás.  Pero ese éxito se mide por tu felicidad, tu dicha; lo que suceda es irrelevante, serás feliz. Da lo mismo que el mundo diga que has fracasado o que el mundo te haga una estrella, un triunfador. Serás feliz en cualquier caso; serás dichoso. Para mí, la dicha es éxito. Si puedes comprender que la dicha es éxito, entonces te digo que siempre triunfarás.

     Pero para ti la dicha no es éxito; el éxito es otra cosa. Puede que incluso sea una desdicha. Incluso si sabes que va a ser una desdicha, anhelas el éxito. Pregúntales a los líderes políticos: son desdichados. Nunca he visto ningún líder político que sea feliz. Son desdichados y, sin embargo, están tratando de conseguir puestos más altos, tratando de seguir subiendo peldaños. Y los que ya están por encima de ellos son desdichados, y lo saben. Pero estamos dispuestos a ser desdichados si nos llega el éxito. De manera que ¿qué es el éxito para nosotros? El éxito es la satisfacción egotista, no la dicha. Sólo así dirá la gente que has triunfado. Puede que lo hayas perdido todo: puede que hayas perdido tu alma; puede que hayas perdido toda esa paz, ese silencio que te acerca más a lo divino; puede que lo hayas perdido todo y que te hayas vuelto sólo un loco..., pero el mundo dirá que tienes éxito...

     Para el mundo, la gratificación del ego es el éxito; para mí no lo es. Para mí ser dichoso es el éxito; seas conocido o no. Es irrelevante que alguien te conozca o no, que vivas totalmente desconocido, sin renombre, que pases desapercibido. Pero si eres dichoso, has triunfado...

     Sé claro en tu mente: no te orientes al éxito. El éxito es el mayor fracaso del mundo. Así que no intentes triunfar; de lo contrario serás un fracasado. Piensa en ser dichoso. Piensa en todo momento en ser más y más dichoso. Entonces puede que el mundo entero diga que eres un fracasado, pero no serás un fracasado. Lo habrás logrado.

     Buda fue un fracasado a los ojos de sus amigos, su familia, su mujer, su padre, sus profesores, la sociedad; fue un fracasado. Se había vuelto un mendigo. ¿Qué tipo de éxito es éste?  Podría haber sido un gran emperador: tenía las cualidades, tenía la personalidad, tenía la mente. Podría haber sido un gran emperador, pero se volvió un mendigo". 

Osho, El Libro de los Secretos


lunes, 11 de noviembre de 2013

Al principio y al final hay que hacer dos cosas


Con «principio» se quiere indicar la mañana; con «final», la noche. Por la mañana recuerda una cosa —dice Atisha—: que un nuevo día, una nueva oportunidad, te ha sido concedida de nuevo. Siéntete agradecido. La existencia es tan generosa... Has desperdiciado tantos días... Y se te ha concedido un día de nuevo. ¡La existencia tiene puestas en ti tantas esperanzas...! has estado desperdiciando y desperdiciando, sin hacer nada. Has desperdiciado tantas valiosas oportunidades... y tiempo y energía; pero la existencia todavía tiene esperanzas. Se te concede un día más.

Atisha dice: por la mañana recuerda, es un nuevo día, un nuevo comienzo. En lo profundo de tu corazón toma la decisión de que «hoy no voy a malgastar esta oportunidad. ¡Basta ya! Hoy voy a ser consciente, hoy voy a estar alerta, hoy voy a dedicar tanta energía como sea posible a una sola causa, la causa de la meditación. Meditaré en todos mis actos. Realizaré mis actividades, las actividades normales diarias, pero con una nueva cualidad: les aportaré la cualidad de la conciencia». Da la bienvenida al nuevo día. Siéntete agradecido, feliz de que la existencia todavía confíe en ti. Todavía hay una posibilidad, la transformación puede suceder todavía. Empieza el día completamente decidido.

Y por la noche siéntete de nuevo agradecido de que se te haya concedido este día. Y siente gratitud por todo lo que ha sucedido, por lo bueno y por lo malo, por la felicidad y por la infelicidad; porque todos esos acontecimientos son tus maestros. Todo es una oportunidad. Tomado correctamente, todo momento es una ayuda en el camino. El fracaso ayuda a crear conciencia tanto como el éxito; a veces, de hecho, el fracaso ayuda a crear más conciencia que él éxito. El éxito hace que te duermas. Con la felicidad la gente se olvida; con la felicidad nadie se acuerda de Dios. Con la infelicidad, de repente, viene el recuerdo.

El hombre que es capaz de recordar, incluso cuando es feliz, es un hombre afortunado. ¡Afortunado el hombre que es capaz de recordar cuando todo va bien y sin problemas! Cuando la mar está brava, todo el mundo se acuerda de Dios; eso no tiene nada de particular, eso es simplemente a causa del miedo.

En una ocasión sucedió que un barco con muchos peregrinos surcaba los mares en dirección a La Meca. Iban de peregrinaje. Y estaban sorprendidos por una cosa: todos eran peregrinos que se dirigían al lugar más sagrado, todos rezaban cada día las cinco oraciones prescritas para los mahometanos; todos, excepto un místico sufí. Pero el místico irradiaba tanta alegría, que nadie se atrevía a preguntarle el porqué de su conducta.

Y un día que la mar estaba muy embravecida el capitán dijo:
—Todo parece indicar que no hay posibilidad de salvarse; así que, por favor, rezad vuestra última oración, el barco se hunde.

Y todo el mundo se puso a rezar, excepto el místico sufí. Esto ahora ya no se podía transigir. Entre todos le rodearon. Estaban llenos de ira y dijeron:
—Tú eres un hombre de Dios. Te hemos observado y nunca has rezado. Pero por respeto, porque te tenemos por hombre santo, no hemos dicho nada. Sin embargo, ahora esto es intolerable. El barco se está hundiendo y tú eres un hombre de Dios; si rezas, tu plegaria será escuchada. ¿Por qué no rezas?
El místico dijo:
—Si rezas por miedo, es que no has comprendido nada; por eso yo no rezo.
Y la gente le respondió:
—Entonces, ¿por qué no rezabas cuando no había razón para tener miedo?
El místico dijo:
—Yo vivo en oración, así que no puedo orar. Sólo aquellos que no viven en oración pueden orar. Pero ¿qué sentido tiene su plegaria? ¡Rituales vacíos! Yo vivo en oración; de hecho, yo soy oración. Cada momento es una oración.

Oración es la palabra sufí que designa la misma cualidad que Atisha llama conciencia.
Así que por la noche da gracias de nuevo, dale las gracias a la existencia entera. 

Osho

Un método corregirá todo lo incorrecto


Ese método es la conciencia. Existen muchas enfermedades pero sólo existe una salud. La cualidad de la salud es una, siempre la misma. El bienestar que produce la salud es el mismo en todas las personas. Las enfermedades son millones, las cosas incorrectas muchas; pero la llave que abre todas las puertas, la llave maestra, es sólo una. Y en lugar de podar las ramas, en lugar de cortar las hojas, ¿por qué no cortar la raíz misma? Hay mucha gente que poda las ramas y corta las hojas constantemente; a éstos se les conoce como moralistas.

La persona moral es una persona un poco estúpida; estúpida en el sentido de que piensa que con cortar las hojas va a destruir el árbol. De esta manera no lo va a destruir. Cortas una hoja y el árbol te responde con tres hojas en su lugar; el follaje se hará más espeso. Cortas una rama y el árbol llevará su sabia y sus jugos a otra rama, y esa otra rama se hará más grande y más gruesa. Esto es lo que sucede en tu vida.

Alguien está en contra del sexo, alguien reprime el sexo, corta esa rama. Ahora toda la energía se convierte en ira. Puedes encontrar historias en las escrituras indias, como la de Durvasa, un llamado gran mahatma, que reprimió totalmente su energía sexual, y todo él se convirtió en ira, se volvió rojo de ira.

Y tiene que suceder así. No puedes destruir ninguna energía. Nunca. No es posible, por la naturaleza misma de las cosas. Las energías sólo se pueden transformar, nunca destruir. Si tapas una salida, la energía empezará a fluir por otra. Si cierras la puerta de delante, entonces sale por la de atrás... y por la puerta de atrás la energía es más peligrosa, porque hace de tu vida una vida hipócrita, hace que tu vida sea doble. Empiezas a vivir de una forma dual: dices una cosa y haces otra, muestras una cosa y eres otra. Cada vez estás más dividido.

Mi énfasis es exactamente el mismo que el de Atisha. Vienes a mí con mil y un problemas, pero mi respuesta es siempre la misma. Si vienes con ira digo: sé consciente de ella; si vienes con avaricia digo: sé consciente de ella; si vienes con lujuria digo: sé consciente de ella; porque la conciencia corta la raíz misma. Y ¿cuál es la raíz? La inconsciencia es la raíz.

Uno puede enojarse sólo si es inconsciente. Intenta estar enojado y ser consciente al mismo tiempo y verás que es imposible. O eres consciente, y a la ira ya no se la encuentra, o estás enojado, y la conciencia ha desaparecido. Hasta ahora nadie ha sido capaz de hacer coincidir las dos cosas al mismo tiempo; y no creo que tú vayas a ser la excepción. Inténtalo. Es posible que creas que están sucediendo las dos cosas simultáneamente, pero si observas minuciosamente, lo verás: cuando la conciencia está ahí, la ira no está; cuando la irá está ahí, la conciencia no está. La falta de conciencia es la raíz de toda enfermedad, por eso la conciencia es la única medicina.

Buda dice: «Soy un médico.» Y en una ocasión alguien le preguntó: «Dices una y otra vez que eres un médico, pero no veo ninguna medicina por aquí, ¿qué medicinas aplicas?»

El dijo: «Mi medicina es solamente una: ser consciente. Prescribo conciencia.»
Y la conciencia no la puedes encargar en la farmacia; tienes que cambiar tu química interna para crearla.
Tienes que cambiar tu química interna. Ahora mismo tu química interna funciona de tal manera que produce ignorancia, inconsciencia. Pero esto puede cambiarse, puede desautomatizarse.

Pero recuerda, un método es suficiente para corregir todo el mal. Ese método es ser consciente. ¿Y cómo sabrás que lo has conseguido? La conciencia es algo interno, está tan profunda que nadie puede verla. Aun así, si te haces consciente, todo el mundo que tenga un poco de inteligencia, que tenga ojos para ver, se dará cuenta de ello... porque cuando la conciencia sucede en el núcleo interno, la compasión empieza a irradiar, el amor empieza a irradiar.

Buda dice: enciende la vela de la conciencia en tu corazón, y todo tu ser irradiará compasión. La compasión es la prueba. Recuerda: a no ser que suceda la compasión, debes estar engañándote, debes estar haciendo alguna otra cosa en lugar de ser consciente.

Por ejemplo, puedes probar con la concentración. La concentración no es conciencia y la persona que la practica nunca mostrará compasión. La compasión no es consecuencia de la concentración. Concentración significa enfocar la mente, reducir su atención a un solo punto. La mente concentrada se vuelve muy poderosa. Pero recuerda: la mente concentrada es mente, y muy poderosa; por eso es más peligrosa que nunca. La concentración es el método de la ciencia.

La conciencia es totalmente diferente; la conciencia no es enfocar. La conciencia es un estado de alerta sin foco. Por ejemplo, ahora mismo me estás escuchando; puedes escucharme de una manera concentrada, puedes enfocarte en mí; entonces no escucharás a los pájaros y su canción, entonces no escucharás el ruido de la calle. Entonces no eres consciente, entonces tu mente se ha estrechado mucho. La conciencia no es el estrechamiento de la mente sino la desaparición de la mente. El estrechamiento de la mente hace que la mente sea más mente; por eso la mente hindú es más mente, la mente mahometana es más mente, la mente comunista es más mente; porque todas ellas son estrechamientos. Unos están enfocados en El Capital, o en El Manifiesto Comunista; otros están enfocados en el Corán, o en El Dhammapada, otros en el Gita, otros en la Biblia. ¡Gente enfocada! Esta gente crea mentes estrechas en el mundo. Crea conflicto. Esta gente no aporta compasión.

Las religiones han existido durante miles de años, pero la compasión es todavía un sueño. No hemos sido capaces de crear un mundo que sepa lo que es el amor, que sepa lo que es la amistad, la hermandad. Sí, hablamos de ello, hablamos demasiado acerca de esas bellas cosas. De hecho, la charla se ha vuelto nauseabunda. Esa charla le pone a uno enfermo. Tendría que parar. ¡Basta de charlas sobre la hermandad y el amor y esto y lo otro...! Hemos hablado de ello durante miles de años sin que haya servido de nada.

La razón es que la mente concentrada se vuelve una mente estrecha, se vuelve más mente. Y el amor no es una función de la mente, el amor es una función de la no-mente; o llámalo corazón, que significa lo mismo. No-mente y corazón son sinónimos.

Ser consciente significa escucharme sin enfocarse; alerta, por supuesto, sin dormirse; pero alerta a estos pájaros, a su canto; alerta al viento que corre entre los árboles, alerta a todo lo que está sucediendo. La concentración excluye mucho, incluye poco. La conciencia no excluye nada, lo incluye todo.

La conciencia es un estado de no-mente. Eres, pero no estás enfocado. Eres tan sólo un espejo que lo refleja todo, que devuelve la vibración de todo, como un eco. Ve su belleza y su silencio y su quietud. De repente, eres pero no eres; y el milagro comienza a suceder. En este silencio, sentirás compasión; compasión por todos los seres que sufren. Y esto no es necesario practicarlo; viene por sí mismo.


Atisha dice: conciencia en el interior, compasión en el exterior. La compasión es la cara externa de la conciencia, lo exterior de la conciencia. La conciencia es tu interioridad, tu subjetividad. La compasión es el relacionarte con los demás, el compartir con los demás.

Osho

No hay necesidad de tener muchas metas; una meta es suficiente.

Atisha dice: No hay necesidad de tener muchas metas; una meta es suficiente. Inquiere sobre la verdad de tu vida. Tan sólo una búsqueda es suficiente para liberarte de todas las miserias, sufrimientos, infiernos. Inquiere sobre la verdad de tu ser, ve todas sus facetas: la ira, la avaricia, la lujuria. Entra en cada una de ellas. Y entrando en cada una de ellas, siempre y siempre, encontrarás la misma fuente de alegría, el mismo manantial de alegría. Poco a poco, te convertirás en un festival. Desde fuera no se ha añadido nada, pero te has descubierto a ti mismo. Has entrado en el reino de Dios.

Osho

La Verdad libera.

Si algo tiene que prohibirse en el mundo no es el alcohol, sino la política. ¿Y cuántas personas beben alcohol en India? No más del siete por ciento. ¿Y no hay muchas más personas que son políticas? No creo que puedas encontrar ninguna persona que no sea política; muy difícil.

Tú quizá no te dediques a la política, pero la política es algo muy sutil. El marido trata de dominar a la mujer: eso es política. La esposa intenta, a su manera, manipular al marido: eso es política. El niño estalla en una rabieta, quiere el juguete inmediatamente: eso es política. Política significa un esfuerzo para dominar al otro. Y la política es muy embriagadora; es la peor clase de alcohol disponible en el mundo.

Unos pocos se drogan con política de fuerza, otros pocos buscan cobijo en la sexualidad, otros pocos van al bar; pero los más buscan continuamente nuevos deleites espurios, van de uno a otro. Cuando han obtenido uno, y se dan cuenta de que no les aporta nada, de que no les nutre, inmediatamente empiezan a buscar otra cosa. Su vida se convierte en una ocupación constante, para no tener que mirar la pena interna que se está acumulando como una nube, como una nube oscura.

Así que el segundo significado del sutra es: en lugar de buscar deleites espurios, entra en la pena. Medita, entra profundo en ella. No te evadas de tu miseria, porque evadiéndote, nunca aprenderás lo que es; y nunca aprenderás a transcenderla. Y lo maravilloso es que si realmente sabes la causa de tu miseria, en ese mismo saber la transciendes; porque la causa es siempre y siempre, ignorancia y nada más.

Jesús dice: la Verdad libera. Esta es una de las declaraciones más importantes que jamás se hayan hecho; algo muy fundamental a entender por todo aquel que busca. La Verdad libera. No la verdad que tomas de las escrituras, sino la verdad que encuentras experimentando tú mismo.

Estás triste. Entra en tu tristeza. En lugar de evadirte en alguna actividad, en alguna ocupación; en lugar de ir a ver a un amigo, o a ver una película, o encender la radio, o el televisor... en lugar de escapar de la tristeza volviéndole la espalda, deja toda actividad, cierra los ojos, entra en ella, ve lo que es, por qué es. Ve la tristeza, sin condenarla; porque si la condenas, no serás capaz de verla en todos sus aspectos. Mira sin juzgar, mira sin condenar, sin evaluar. Obsérvala, observa qué es. Mírala, como si se tratara de una flor: triste; una nube: oscura; pero mira sin emitir juicios, para que puedas ver todas sus facetas.

Y te sorprenderás: cuanto más te internas en la tristeza, más se dispersa ésta. Si una persona puede internarse profundamente en su pena encontrará que todas las penas se evaporan. En esa evaporación de la pena está la alegría, está la dicha.


A la dicha no se la encuentra afuera, yendo contra la pena. A la dicha hay que encontrarla en lo profundo, escondida bajo la pena misma. Tienes que cavar en tus estados de aflicción; y así encontrarás un manantial de alegría.

Osho

No golpees al corazón


Atisha está diciendo: critica la opinión de la gente, critica sus ideologías, critica sus sistemas de pensamiento, critícalo todo, pero nunca critiques el amor de nadie, nunca critiques la confianza de nadie. ¿Por qué? Porque el amor es tan valioso, la confianza es tan inmensamente valiosa... el destruirlos, el criticarlos, el hacerlos pedazos por el método que sea, es el mayor daño que se le puede hacer a cualquiera.

Puedes criticar la opinión —la opinión debe ser criticada—, pero no el corazón. Cuando veas algo que pertenece al corazón, evita la tentación de criticarlo.

La gente hace justo lo contrario. Pueden tolerar tu ideología, pueden tolerar tu opinión, pero en el momento en que ven tu amor, tu confianza, saltan sobre ti. No pueden tolerar tu confianza; no la pueden soportar.

Te dirán que eso es hipnosis, que te han hipnotizado, que te han engañado, que vives en una ilusión; que el amor es locura, que el amor es ciego; que la lógica tiene ojos y el amor es ciego.

La verdad es justamente lo opuesto. La lógica es ciega, ¡critícala! El amor tiene ojos, sólo el amor tiene ojos, porque sólo el amor puede ver a Dios. Critica las creencias, porque las creencias no son nada excepto dudas escondidas detrás de bellas palabras. Critica las creencias, pero no critiques la confianza de nadie.

Y ¿cuál es la diferencia? La confianza tiene la cualidad del amor. La creencia es una forma de acercamiento racional. Si alguien dice: «Creo en Dios porque hay pruebas de su existencia», entonces critícale, porque las pruebas sólo demuestran la creencia. Pero no critiques a alguien que diga: «Amo a Dios. No sé por qué, sencillamente le amo. El amor me invade. No tengo pruebas; de hecho, todas las pruebas están en su contra, pero aun así le amo.»

Recuerda la famosa frase de Tertuliano, un gran místico cristiano: credo quia absurdum...
Alguien preguntó a Tertuliano: —¿Por qué crees en Dios?
Y él dijo:
—Porque Dios es absurdo. Porque no se puede creer en él, por eso creo en Dios.

Se puede creer en cualquier cosa, pero en Dios no se puede creer. Pero creyendo en aquello en lo que no se puede creer, uno crece. Eso es intentar alcanzar lo imposible.


Así que cuando veas a alguien que tenga amor, alguien que tenga confianza, evita la tentación de criticarle. Criticarlo es fácil, lanzar veneno a la historia de amor de alguien es fácil. Pero no sabes que así eres destructivo; no sabes que así destruyes algo de inmensa belleza. Has lanzado una roca contra una rosa.

Osho