miércoles, 6 de noviembre de 2013

No caigas en la trampa del demonio celestial


Al ego se le llama el demonio celestial. Cada momento de tu vida tiene que convertirse en un recordatorio continuo de que el ego es muy sutil y de que regresa una y otra vez de la forma más astuta. Recuérdalo constantemente. El ego te sigue hasta el final, mantiene las esperanzas de que caigas en la trampa hasta el ultimísimo momento. Sé consciente de ello.

En las escrituras cristianas, mahometanas y judías al ego se le llama el demonio. Se trata de tu propia mente, el centro mismo de tu propia mente.

Al principio, prueba a vivir sin «yo» por algunos momentos.

Estás cavando un hoyo en el jardín, simplemente cava el hoyo, conviértete en el cavar y olvídate de que «yo lo estoy haciendo». Deja que se evapore el que lo hace. Sudarás bajo el sol, y no habrá quién lo baga; y el cavar continuará. Y te vas a admirar de lo divina que es la vida cuando el ego desaparece aunque sólo sea por un instante.

Al ducharte, deja que el agua caiga sobre ti, pero no te quedes ahí como «yo». Relájate, deja el «yo»; y te admirarás. La ducha no sólo refresca tu cuerpo, sino que refresca también tu núcleo más interno.

Y si buscas, en la vida diaria encontrarás muchos momentos en los que se puede dejar el ego a un lado. Y la alegría de ello es tan grande, que una vez que lo has probado querrás hacerlo una y otra vez. Y poco a poco, te vuelves capaz de desconectar el ego y de mantenerlo así a no ser que sea absolutamente necesario.


Y después, llega también el día dichoso en que sabes que el ego no es necesario en absoluto. Y le dices el último adiós. El día en que muere el ego, has alcanzado el punto del no-yo. Ése es tu verdadero ser. El no ser es tu verdadero ser. No ser es ser por primera vez.

Osho

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